Opinión

 


El presidente norteamericano condenó el ataque realizado por el movimiento islámico y disipó algunas suspicacias sobre un posible regreso a las rispideces de la era Obama con su histórico aliado

 


La grieta que tanta angustia está ocasionando aquí atraviesa el mundo. Mientras que Cristina Kirchner y sus soldados se sienten afines a los regímenes de Venezuela, Cuba, Rusia, China y, en algunos casos, a los teócratas furibundos de Irán y los yihadistas de Hamas que sueñan en voz alta con un segundo holocausto, los líderes de Juntos por el Cambio son defensores ardientes del capitalismo democrático occidental que privilegian las relaciones con Estados Unidos, los países europeos, el Japón e Israel.

 

La encrucijada es la de siempre: reforma o redención, pragmatismo o mesianismo, democracia o autocracia. No son diferentes matices de una misma cosa, sino cosas opuestas, visiones del mundo alternativas.

 

Cómo la oposición macrista hoy hace propio el concepto de persecución judicial que impuso Cristina Kirchner cuando estuvo en el llano.

 

 

“Si te enfermas viendo lo que hacen y dicen algunas personas, nunca pierdes el recurso de mover tus pasos en otra dirección” - Elwyn Brooks White, escritor y ensayista estadounidense

 

El Senado le dio media sanción al proyecto de ley que pretende una nueva delegación de poderes congresionales a favor del presidente de la Nación. Esto profundiza una democracia delegativa, caracterizada desde la asunción de Alberto Fernández por el gobierno por decreto. Por dos vías: los DNU y los decretos delegados. Ambos institutos están previstos en la Constitución, es cierto, pero como atribuciones excepcionalísimas.

 

 

El Gobierno nacional seguirá aplicando una receta tarifaria de corto plazo que sólo mira el calendario electoral.

 

Abrirnos al mundo nos hará más ordenados, predecibles y confiables, y nos obligará a tener una democracia abierta, moderna, con reglas de juego estables, con una sólida arquitectura institucional, de la que hoy carecemos.

 

Sir Robert Chiltern, alto funcionario del gobierno inglés y barón elegante y presuntamente probo se desliza por un fastuoso salón de forma octogonal saludando a sus invitados y oyendo los sones de los instrumentos de cuerda que animan la velada y habilitan el baile. En ese laberinto de canapés y afectación pronto se encontrará con la señorita Cheveley, una mujer alta, de labios finísimos y cabellos de un rojo veneciano, que resulta en sí misma toda una obra de arte.

 


Según el diccionario, “incertidumbre” es, falta de seguridad, de confianza o de certeza sobre algo, especialmente cuando crea inquietud. Curiosamente es la palabra más usada por el gobierno en tiempos de coronavirus.

Top