Opinión

 


Alguna vez comentamos aquí cómo asombra ver las cosas que le asombran a algunos argentinos.

 

La Argentina atraviesa el peor momento de la peor tragedia sanitaria conocida. Sin las vacunas necesarias, sin testeos masivos no realizados por terquedad inexplicable, con carencia de autoridad para imponer restricciones luego del abuso de ellas en el año pasado, con nadie inspirador y respetado para comunicar lo que ocurre”

 


“Con Cristina no alcanza y sin Cristina no se puede. Sin Cristina no vamos a ningún lado”, dijo.

 


Para el presidente de Rusia, los que deciden adquirir la Sputnik reciben la condición implícita de que no cierren acuerdos con las vacunas desarrolladas por Estados Unidos.

 


En una noche cualquiera, que sin embargo Sebreli siempre rememora, aconteció un pequeño pero significativo episodio del género de la picaresca. El legendario autor de Los deseos imaginarios del peronismo acudió a un prestigioso programa de televisión y desplegó allí su colección de fundamentos acerca de cómo el movimiento de Perón, en sus diversas reencarnaciones, pero esencialmente durante los últimos treinta años de primacía total, había conducido a la Argentina hacia este pronunciado cañadón de las desdichas.

 


"Para corromper a un individuo, basta con enseñarle a llamar 'derechos'   
a sus anhelos personales, y 'abusos' a los derechos de los demás".

-  Gilbert Keith Chesterton

 


Funcionarios y operadores con cara de póker juegan sus cartas. Para esos funcionaros Pfizer nunca fue la carta ganadora. Las fichas estaban puestas en otro lado.

 


El destino del país siempre fue inevitable, como era fácil pronosticar desde que ganó las PASO el peronismo kirchnercamporista. Sólo se aceleró la decadencia.

 


Flemático y siempre provocativo, el veterano político afirmó: “En política no podés tener enemigos tan extremos como para que te impida alguna vez negociar y llegar a acuerdos con ellos, ni amigos tan cercanos que te imposibilite enfrentarlos o incluso traicionarlos”. Se refería no solo a su dilatada experiencia doméstica, sino también a acontecimientos, históricos y recientes, en la arena internacional. Por ejemplo, antes del Pacto de Olivos, la confrontación retórica entre el menemismo y el radicalismo lucía irreconciliable y sugería un choque de planetas mientras avanzaban las negociaciones entre las partes.

 


Hace ya muchos años (1972) que Humberto Eco publicó “La Nueva Edad Media” en donde avizoraba un mundo desorganizado a partir del debilitamiento de la autoridad estatal que alentaba la privatización del espacio público por parte de corporaciones varias. Algo no muy diferente a lo que diría el famoso informe de la Trilateral firmado por Huntington, Crozier y Watanuki y que popularizó el concepto de ingobernabilidad que hoy usa hasta mi tía Nacha de Quilmes.

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