Opinión

 

Solo en el primer trimestre de este 2021 hubo 899 millones de dólares que se sumaron al “escape” a la política argentina

 

 

Las posiciones frente a Venezuela, Nicaragua y Formosa se deben evaluar en perspectiva histórica

 

No habría que escandalizarse ante el hecho de que por estos días se vea a los políticos ocupando buena parte de sus jornadas en la disputa de posiciones y espacios de poder, tanto enfrentando a divisas adversarias como a cofrades, compañeros o correligionarios.

 

 

Las diferencias que -grieta mediante- separan hoy a los dos principales frentes político-electorales de nuestro país no hacen más que agudizarse conforme transcurren las semanas, ganan envergadura las respectivas campañas y se acercan los comicios previstos para los próximos meses de septiembre y noviembre. Está en la lógica de las cosas que dos bandos que se consideran enemigos -y no simples adversarios- escalen sus disidencias al máximo antes de que la ciudadanía ingrese al cuarto oscuro.

 

 

La cuestión del asalto al Estado por parte de los grupos privados siempre estuvo centrada especialmente en el lobby corporativo empresario. Incluso hubo ingeniosas teorías marxistas que sostenían porqué los Estados capitalistas combatían de algún modo esa intrusión; dado que pese a ser el Estado burgués “la oficina que representa los intereses capitalistas” había una racionalidad colectiva que le era propia para actuar en contra de los capitalistas privados para que capitalismo en general no entrara en crisis. De allí la idea de “autonomía relativa del Estado”.

 

El temor a una crisis de deuda ha venido creciendo en los últimos tiempos como resultado del enorme esfuerzo fiscal que ha implicado la pandemia, sobre todo en los países desarrollados, en un horizonte en el que, dadas las tensiones inflacionarias, más temprano que tarde habrá una suba del costo del financiamiento, al menos de corto plazo (el famoso "tapering").

 

Con más de 90.000 muertos por COVID y una curva de defunciones diarias que crece impiadosamente, queda claro que el problema sanitario es el más urgente de nuestro país, cuya estructura hospitalaria y preventiva se ha visto desbordada por una gestión ineficiente de la pandemia.

 

La hegemonía de la “nación católica” es el lastre que pesa sobre el desarrollo de un país donde la política y la economía no se emanciparon de la teología

 

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