Opinión

 

Hay mucha preocupación en el oficialismo por el resultado de las PASO. Advierte tardíamente lo que el observador menos avisado podía intuir hace tiempo: que la desastrosa gestión del gobierno nacional en todos los campos, pero especialmente en el sanitario, el económico y el social, ha provocado un malhumor social que tendrá su inevitable correlato en las urnas.

 

 

Estamos transitando las últimas horas de campaña entre cumbias, traps, videos sugerentes sobre que estamos todos calientes, cartas astrológicas, etc. Era de esperar que hubiera más de un desatino dando vuelta: el médico se para frente al paciente; le golpea una rodilla con el martillo para ver sus reacciones vitales; el paciente no reacciona; el médico vuelve a golpear más fuerte; y así sucesivamente.

 

 

Cuando nos asomamos al mundo de la política con el fin de descifrar qué ofrecen ciertos candidatos que ventilan sus ideas con pomposidad “académica”, nos encontramos con Máximo Kirchner, quien siguiendo los delirios de su madre propone políticas que atrasan, cuanto menos, un siglo.

 

 

La esencia del Estado de Derecho consiste en que los gobernantes se sometan a las reglas que ellos mismos crean

 

 

Si los ánimos no fueran casi de ruptura, no hubiera sido necesario un mensaje presidencial jurando lealtad.

 

 

El empeño kirchnerista en reescribir la historia y los equívocos orígenes del “setentismo revolucionario”.

 

 

La apuesta central de Cristina es pasar rápido el trance de las primarias y que luego el clima social mejore.

 

 

Más usada que leída y analizada, “el empate hegemónico”, la definición de Juan Carlos Portantiero sobre el ciclo entre el primer y el segundo peronismo regresa una vez más como definición de procesos actuales que parecen remitir a aquel otro gran fracaso nacional.

 

 

A Eduardo Galeano el apellido Walsh siempre le recordaba una cierta tarde remota en una fábrica de tabaco de La Habana. Los dos escritores –el uruguayo y el argentino– transmitieron a un funcionario del régimen un fuerte interés por atisbar esa manufactura legendaria, y entonces los llevaron juntos a una planta donde los obreros armaban los cigarros más famosos del mundo y un camarada ubicado en un pupitre sobre una tarima les leía pasajes literarios.

 

 

“La naturaleza de los pueblos es muy poco constante: resulta fácil  
convencerles de una cosa, pero es difícil mantenerlos convencidos”.

- Niccolò di Bernardo dei Machiavelli

 

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