Opinión

El manejo de la pandemia es el único espacio en el que los mandatarios provinciales se convirtieron en actores protagónicos. En el resto de los temas, están ausentes.
Alberto, en busca de una identidad - Por Carlos Salvador La Rosa
Escrito por Carlos Salvador La Rosa
Alberto no parece ser políticamente un genio por lo que ha demostrado hasta ahora, pero está siendo menos de lo que podría ser frente a Cristina.

75 años del 17 de octubre de 1945. La pasión por el onomástico.

“Yo no vine a ser presidente, vine a residir en la Argentina, a vivir tranquilo, ser referente, ocuparme de la macropolítica y que Cámpora gobernara. Seguí el consejo de Evita, ella siempre me decía que era la persona más leal que teníamos. Pero Cámpora se dejó copar por los zurdos. Así que yo, que no vine a ser presidente, tengo que hacerme cargo de todo este quilombo”.

Les recuerda Piglia a sus alumnos, a quienes supone de una izquierda unánime, que Borges resulta un gran problema para todos ellos, puesto que no encaja en el arquetipo de la "derecha aristocrática": es un hombre sobrio y austero (sic).

El gobierno incita al delito, es una aberración en todos los sentidos, pero por desgracia, es una realidad. Incita al delito destruyendo la economía lo que deja a cientos de miles de personas sin trabajo. Incita al delito cuando no es capaz de desalojar tierras tomadas ilegalmente en Guernica y en el Sur.

Al tango –o la ranchera- del título de la nota, lo escribió Ivo Pelay y lo pusieron de moda Olinda Bozán y Tita Merello. Es probable que la letra se haya referido a los años duros de la década del treinta. Noventa años después el interrogante del hombre de la calle ya no es por el mango sino por el dólar.

“Debemos enfrentarnos a nuestros enemigos,
no quedarnos a hablar con nuestros aliados”.
- Lee Child

Al estar en medio de la peor crisis de la historia argentina, hay algo peor que tomar una decisión equivocada: el no tomar ninguna decisión.
Elogio al mérito - Por Jorge Enríquez
Escrito por Jorge Enríquez
Desde hace un tiempo el kirchnerismo tomó como uno de sus tantos enemigos a la meritocracia. En su rápido despojo de las máscaras que lo disfrazaron con propósitos electorales como moderado, Alberto Fernández se sumó en los últimos días a esa campaña.
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Cristina y sus soldados están tan resueltos a ver el lado positivo de la revolución bolivariana del esperpéntico Maduro que pasan por alto las hambrunas y la violación de DD. HH.

El gobierno que -en forma desembozada- motoriza a través del presidente de la Nación, la vicepresidente, el todoterreno Leopoldo Moreau, y la ignota diputada camporista, Vanesa Siley, una campaña de desprestigio y demonización a expensas del titular de la Corte Suprema, en particular, y de ese cuerpo, en general, al mismo tiempo convoca a la Quinta de Olivos a la flor y nata del empresariado industrial y comercial del país para hacerle creer que escucha sus opiniones y que trata de consensuar pareceres en medio de una crisis que no sabe bien cómo desactivar.

Uno de los problemas de la política argentina de este momento es que el Gobierno no cuenta con un plan claro de acción para superar este momento de crisis e incertidumbre.

Nuevamente la política exterior se muestra como una manifestación de las cuestiones de política interna. El voto argentino en la ONU de condena a la violación de los derechos humanos en Venezuela ha tenido una serie de efectos domésticos que no se sabe si han terminado aún.

