Opinión

 

Tratemos de contestar la pregunta del millón de dólares. La que se hacen buena parte de los argentinos en medio del tembladeral que pisamos desde hace meses. La misma que está al tope de las preocupaciones de los políticos, las tertulias sociales, los operadores de la City, y los analistas más consultados por los medios de difusión.

 

 

Los argentinos estamos viviendo un tiempo de zozobra, de angustia, de hondo pesimismo. Son cada vez más los compatriotas que no vislumbran ningún horizonte en nuestro país y barajan la perspectiva de labrar su destino en otros. Las personas de cierta edad, afincadas pese a todo por sus vínculos familiares, laborales y sociales, lo piensan menos, pero entre los jóvenes crece a pasos agigantados la idea de dejar el país.

 

 

 

Si la propiedad privada de los medios de producción es el rasgo económico distintivo del capitalismo, bien podría postularse que el mayor o menor desarrollo de las clases medias merece ser considerado su expresión social más visible y, por qué no, más deseable, por lo que no es arbitrario suponer que un capitalismo "exitoso", un capitalismo que funcione o un capitalismo sustentable se expresa en un escenario de amplias clases medias.

 

 

Muchos “arranques” de tipo emocional provienen de un asalto nervioso que declara dentro del individuo un estado de emergencia, desencadenando en él reacciones intempestivas que lo mueven a hacer elecciones de vida incomprensibles y desafortunadas.

 

 

Si tan solo diera señales claras de respetarla, ya se habría despejado gran parte del camino

 

 

La verificación más penosa de la grieta, como se llama en la Argentina a la partición política irreconciliable, se da en el seno de muchas familias comunes y silvestres. Ya lo decía Félix Luna para explicar el extremo al que había llegado el enfrentamiento peronismo- antiperonismo a mediados del siglo pasado: el extremo hogareño.

 

 

Las garantías constitucionales, las instituciones, las libertades individuales, los derechos fundamentales como el de circular o expresar las ideas por la prensa, la defensa del patrimonio personal y público, ninguno de los pilares que rigen parte del estado de derecho tambalean, si no es por la acción de quienes deberían defenderlos. Ninguna república tropieza si no la empujan.

 

 

¿Qué puede esperarse de un país en donde la impulsora más escalofriante de la más profunda división nacional que el país recuerde desde los años ’40 convoca a un acuerdo?

 

 

 

Breviario de Néstor Kirchner y del final del kirchnerismo.

 

 

 

A diferencia de Juan Perón, a Néstor Kirchner jamás le interesó la política exterior. Al menos hasta su llegada a la Presidencia. Las relaciones internacionales acaso le resultaban un hecho lejano y carente de rédito político inmediato, algo frecuente en los líderes políticos argentinos.

 

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