Opinión

 

“Las mejores marionetas no siguen la voluntad de quien las maneja, sino que la anticipan”.
-  Fabiano Massimi

 

 

El kirchnerista es una variación menor del estilo peronista básico: liderazgo decisionista, legitimación plebiscitaria, rechazo de la tradición republicana y anitliberalismo.


 

La doctrina social de la Iglesia, desde su primera expresión en la encíclica Rerum novarum, de 1893, se basa en un principio: la dignidad del trabajo, en todas sus manifestaciones, como expresión de la dignidad humana.

 

 

El mensaje fue claro; aquí manda la política y sería mejor que buscaran otro oficio aquellos magistrados que fantasean con subordinarla a la Constitución.

 

 

Mientras en EE.UU. seguirán contando votos y judicializando la elección lo máximo posible, el ministro Guzmán trata de calmar el valor del dólar blue, que es como tratar de bajar la fiebre de un paciente con paños fríos, sin que quede claro que está administrándole antibióticos para que la baja de la temperatura sea consistente. Pero hasta que el enfermo acepte tomar los antibióticos, bajar la línea de mercurio con analgésicos no está mal.

 

 

Guste o no, se desconfíe o no, la carta que la señora de Kirchner publicó diez días atrás sigue ejerciendo su influencia en la atmósfera política.

 

 

Los cuatro ministros de la Corte Suprema que fallaron en el caso de los jueces Pablo Bertuzzi y Leopoldo Bruglia confirmaron cuanto era un secreto a voces.

 

 

En la Argentina siempre señalamos hechos de los que decimos que “hay un antes y un después” de ellos. El problema es que a las pocas horas sucede otro hecho del que también decimos que “hay un antes y un después”. Tal el ciclotrón de la política criolla, que acelera las partículas de tal manera que las dinámicas y trayectorias nunca se cumplen. Así todo queda igual, pero para peor.

 

 

Desde hace más de setenta años existe en la Argentina el mecanismo del “traslado” de los jueces. Se trata de jueces designados de acuerdo a las pautas constitucionales que, por alguna razón, desean ser trasladados a otro tribunal que se encuentra vacante, sin necesidad de efectuar los trámites de un nuevo nombramiento. Siempre se entendió que esos traslados eran definitivos y los magistrados gozaban de estabilidad en sus cargos.

 

 

Siempre que me asomo a uno de los millares de relatos que se han escrito sobre los crímenes cometidos en nombre de la revolución, me embarga un persistente sentimiento de intranquilidad.

 

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