Opinión

 

Asevera Dickens que toda familia de alguna antigüedad o importancia tiene derecho a un fantasma. La familia kirchnerista, que apenas balbucea apotegmas selectivos de Perón y que masculla vetustas oraciones de Jauretche, cuenta sin embargo con su propio fantasma ilustre.

 

El ex presidente Eduardo Duhalde, volvió a hablar. Fue por Radio Rivadavia y con Nelson Castro. Otra vez sus palabras sacudieron a la sociedad. Dijo que la Argentina era un país en permanente retroceso. No es una novedad, pero lo dijo un peronista de un gobierno que dice ser peronista.

 

 

“Era más que claro que se había puesto en marcha un modelo de regresión del ingreso y empobrecimiento generalizado que intentaron maquillar con la mentira de la ‘pesada herencia’”.

- Cristina Fernández de Kirchner, en “Sinceramente”.

 

La Argentina es un país inusual: los peores enemigos de los gobiernos son ellos mismos. Son artífices y responsables, y víctimas, de un sistema político disfuncional que desgobierna al país y lo vuelve cada día más irrelevante.

 

 

La Argentina ha tomado un camino que no solo es fascista y que archiva para siempre la República, sino que también es profundamente inmoral, mentiroso, decadente, racista y vergonzoso.

 

Después de atravesar angustiosamente una crisis en el terreno de la seguridad que incluyó el hostigamiento a la residencia presidencial y a la del gobernador bonaerense -una revuelta de la policía de esa provincia, fuerza que integran 90.000 efectivos-, el gobierno de Alberto Fernández tuvo que afrontar otro asedio: el de la demanda de dólares, que ha ido consumiendo las magras reservas del Banco Central.

 

La Argentina está sin rumbo. El Gobierno no tiene planes, no tiene ideas, no tiene idea. Sostener la economía, fomentar la producción, liberar las energías, cooperar con los vecinos, imaginar el futuro: nada. Solo manotazos de ahogado, venganzas por doquier, rencorosa búsqueda de chivos expiatorios, pequeños parches en grandes agujeros. Y peronistas contra peronistas, a ver quién es más peronista, la historia de siempre. Da miedo.

 

En un caso, hubiese bastado tener presente la naturaleza del kirchnerismo y no haber echado en saco roto los mensajes inequívocos que, a partir de diciembre del pasado año, hicieron públicos Cristina Fernández y su hijo.

 

Todos los gobiernos, en algún momento, pierden el sentido de la realidad. Pero en la Presidencia de Alberto Fernández, por el contrario, tenemos que preguntarnos si en algún momento se va a recuperar el sentido de la realidad.

 

La idea de que la calle siempre fue peronista tal vez forme parte de los mitos políticos argentinos. Los recientes "banderazos" opositores incluso llevaron a algunos de sus artífices a celebrar un quiebre inédito del monopolio del peronismo en la ocupación de la calle, en consonancia con la ausencia de concentraciones oficialistas en el contexto de la pandemia. Sin embargo, en la génesis no fue así.

Top