Opinión

 

Como una de las piezas del plan de impunidad diseñado por Cristina Kirchner, el oficialismo salió a atacar al procurador general de la Nación, Eduardo Casal.

 

 

CFK es poderosa. Muy bien, pero ¿por qué? Y ¿cuál es la naturaleza de su poder? A mi juicio, CFK es un tigre de papel. A mediados del siglo XVI, un joven francés, Étienne de la Boétie, pensó el problema de la servidumbre, observando que ésta es básicamente voluntaria.

 

 

Alguna vez, el presidente Alberto Fernández dijo, al evaluar el conflicto social y político que generó la resolución 125, que tenía para sí el aprendizaje de que esa enorme locura social no sirvió para nada. "Cuando uno se pone inflexible, quiere ir por todo y se puede quedar sin nada", reflexionó.

 

 

No parece casual que Eduardo Duhalde haya estremecido al país con dos frases pronunciadas en lenguaje político extremo al día siguiente de que Alberto Fernández hubiese llevado ese lenguaje a su máxima potencia desde diciembre de 2019.

 

 

El ex presidente Duhalde dijo que el año que viene es muy probable que no se celebren las elecciones de medio término que prevé la Constitución. Dijo que podría haber un golpe de Estado, aunque aclaró que conoce a la oposición y que no son enemigos sino gente que, simplemente, tiene otra postura.

 

 

En sus últimas manifestaciones, Alberto Fernández se parece más a un odiador que a un hombre coloquial. Entretanto, el “albertismo” ha perdido presencia y voz

 

 

Las políticas que hoy en Occidente disfrutan de la aceptación de las mayorías son aquéllas consideradas como “centristas”.

 

 

Alberto Fernández, está demostrando que le preocupa la marcha de su gobierno en la medida que se relacione con lo que él ha decidido que es importante, prodigando sonrisas y favores solo a quienes satisfacen y/o festejan sus exigencias, mientras enfrenta acremente a todos los demás.

 

 

El cristinismo es una resignificación beligerante del peronismo hasta ahora inamovible, aun cuando ya no represente a todo el movimiento.

 

 

Hay que cambiar con urgencia el foco de la discusión. Para empezar, hay que llamar a las cosas por su nombre. Partir por reconocer, como un hecho incontrastable, que ésta es la tercera presidencia de Cristina Kirchner.

 

Top