Opinión

 

La ausencia de un programa desde hace ya un año constituye una de las manifestaciones más evidentes de las debilidades con las que el Gobierno enfrenta el que tal vez sea uno de los momentos más difíciles de nuestra historia

 

 

El comando “a distancia” de Cristina Kirchner comienza a tomar protagonismo creciente, trabajando en tándem perfecto con su “operador” todo terreno, quien ocupa el sillón de Rivadavia comportándose como un camaleón, útil para allanarle a la abogada exitosa el ir y venir sobre cualquier tema de su interés, a fin de amoldarlo a su gusto y paladar.

 

 

Cristina, sin ignorar lo que hizo, se ve inocente porque al nivel del hombre común tomar dineros ajenos es un delito, pero al nivel de los seres excepcionales no. El lawfare provee impunidad al ubicar a la política más allá de la justicia, al considerarla inimputable. El lawfare es un indulto para los más poderosos.

 

 

 

El Gobierno se enfrenta a la peor pesadilla del populismo: el momento en que debe decirles a las masas que se acabó la plata que repartía

 

 

Cristina Kirchner, eximia actriz y gran diva política, podría decir como Ingrid Bergman: "Para ser dichosa basta con tener buena salud y mala memoria". Ese aforismo irónico pertenece a la antología de las frases de la mala fe. Porque implica hacerle trampas a la verdad, borronear la cronología de los hechos ciertos y romper, por lo tanto, las reglas y los razonamientos según convenga.

 

 

Las desesperanzas son muchas. Demasiadas. La Argentina de hoy, entre la pandemia, la cuarentena eterna (142 días), la economía destruida, la educación cuesta abajo, la inseguridad creciente, el desempleo que aumenta, más el intento de desmantelar el poder judicial, desesperanza.

 

 

“En la ciénaga, la frontera entre el bien y el mal,
entre lo correcto y lo incorrecto, no existe”.

- Antonio Manzini

 

 

La vicepresidenta tuiteó 32 veces sobre Santiago Maldonado y ninguna sobre Facundo Astudillo, desaparecido hace 100 días en la Provincia que gobierna Kicillof.

 

 

Desde mediados del año pasado, la política nacional se mueve al compás del tango que está bailando la pareja presidencial.

 

Una rápida lectura del proyecto permite realizar serias objeciones constitucionales, además de ocultar la finalidad cuyos redactores no se animan a explicitar

 

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