Opinión

 

 

Se ha escrito bastante sobre la historia del peronismo, y está bien, porque toda aventura humana tiene un origen y una razón de ser; es decir, causas y escenarios originales que la explican e iluminan su presente.

 

La Argentina está entrando de a poco, una vez más como en el cuento de la rana hervida, en un sistema de ley de la selva.

 

Quien se asome a la maravillosa aventura de ingresar al texto de la Constitución Nacional, observará que en el primer artículo se establece la existencia de un sistema de gobierno federal. Eso significa que existe un Gobierno Nacional que toma medidas para todo el país, y veinticuatro unidades federativas con autoridades propias, que dictan normas para ejercer sus propias potestades.

 

A través de un procedimiento aberrante, y por lo tanto jurídicamente inválido, el Senado procuró dar media sanción, días atrás, al proyecto llamado de "reforma de la justicia". En las líneas que siguen, me ocuparé de justificar por qué ese procedimiento debe considerarse inválido.

 

“Aluvión zoológico llamó un radical a los peronistas en los años ’40. “Aluvión psiquiátrico” llama hoy Axel Kicillof a los que marcharon el 17A. Para el radical antiperonista de los años 40 los peronistas eran animales. Para el Kicillof fanatizado del presente, los no peronistas están locos.

 

La sociedad agotada y dolorida, se vuelve hacia el gobierno y sólo encuentra la mirada gélida del desinterés, un presidente contradictorio y ningún liderazgo ni empatía en qué apoyarse.

 

En una ruidosa convención de provincias donde se decide el destino de toda una región y los basamentos de la primera democracia, toma la palabra el mayor Cassius Starbuckle; un militar, jurista y estadista sin par a quien John Carradine dota de una voz bíblica.

 

 

El Código Penal Nacional en su artículo 181 dice que:

 

 

“¿Acaso no se han hecho siempre las revoluciones de esta manera: armando al completo los bajo fondos sociales con pistolas y granadas de mano?”
- Antonio Scurati

 

 

Desde su surgimiento, pero en especial desde el retorno a la democracia, el peronismo se vio siempre a sí mismo como el partido del poder.

 

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