Opinión

 

 

La impunidad sigue interpelando la conciencia de los argentinos.

 

 

En estas horas aciagas no es sencillo ser un gobernante populista en un país pobre y estancado. Si se estimula el consumo con emisión monetaria se dispara la inflación.

 

 

En el poblado universo de los comentaristas de la actualidad argentina parece últimamente prevalecer una interpretación: la grieta política se ha ensanchado, el poder gira alrededor de dos extremos (encarnados por Cristina Kirchner y Mauricio Macri) y el centro del espectro naufraga entre la debilidad, la impotencia y la tensión que ejercen los bordes confrontativos.

 

 

 

El gobierno de Alberto Fernández y el estigma opositor de la pandemia como un modo de hacer política.

 

 

Cecilia Todesca expresó el fin de semana pasado una verdad redonda, contundente. En unas declaraciones que a nadie le pasaron desapercibidas, se sinceró dando de lado las medias tintas y los pronósticos políticamente correctos.

 

 

Un manojo de eventos auspiciosos ha tenido lugar en las últimas horas. El Presidente ha convocado a una primera reunión con las autoridades legislativas de la oposición en el Congreso. También, ha realizado declaraciones reconociendo su error de cálculo respecto a la expropiación de la empresa Vicentin. Y, en la misma línea, ha reafirmado su vocación por el diálogo a raíz de las críticas que inmediatamente arreciaron desde los sectores más ultras del Frente de Todos.

 

 

La incertidumbre es hoy la protagonista de la política, y se inserta entre la errática gestión sanitaria y la vaguedad de la consigna del cambio. La pandemia mostró con hiriente crudeza las inequidades.

 

 

En medio de un contexto de violencia creciente, se avecinan problemas graves que vulneran la estabilidad en la sociedad y crean condiciones para la protesta

 

 

A raíz de la condenable agresión a un periodista el pasado jueves, el Presidente y su ministro del Interior repudiaron el odio y fijaron la necesidad de frenarlo. Fernández dijo que terminaría con “los odiadores seriales” y Santiago Cafiero afirmó que hay que “desmantelar el discurso del odio”.

 

 

En las últimas semanas el oficialismo se ha dedicado a calificar a sus críticos como “odiadores”, “odiadores seriales” y otras expresiones semejantes. Para el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y otros altos funcionarios, como el vocero presidencial, Juan Pablo Biondi, no se explica la oposición al gobierno nacional sino desde el odio.

 

Top