Opinión

 

Conocí al Sérpico patagónico gracias a una infidencia: se había disfrazado de mujer y había capturado a un violador serial que atacaba parejas a orillas del río Limay.

 

 

Argentina, país contradictorio, está en plena y dura y eterna cuarentena; la gente no trabaja, no produce, no vende, no compra. Está paralizada, el resultado es que hay hambre. Los comedores populares se multiplican y no alcanzan, la tarjeta alimentaria no alcanza, la ayuda del estado no alcanza. Ante este desolador panorama, se ataca la producción del campo.

 

 

Dos secretarios, dos épocas. El kirchnerismo, en su afán de querer empardar todo y llevar a la práctica acelerada la "doctrina Discepolín" -"en un mismo lodo, todos manoseados", como dice en esa profecía para siempre que es su tango "Cambalache"-, el tiro le salió por la culata y, encima, con un final horrible e inquietante.

 

 

Soberanía alimentaria, soberanía monetaria, soberanía aeronáutica, soberanía energética: el gobierno peronista está obsesionado con la soberanía.

 

 

Es muy humano eso de pensar en utopías o en ideas apasionadas con las que entusiasmarnos con mejores horizontes, en especial cuando la realidad es sombría y compleja.

 

No deja de resultar sorprendente -aunque se trate, el nuestro, de un país lleno de charlatanes- cuántas tonterías se han dicho en el transcurso de los 101 días transcurridos de cuarentena, a cuántos improvisados hemos tenido que escuchar, cuántos han sido los pronósticos fallidos y qué tantas teorías se han echado a rodar sin ninguna base científica que las avalara.

 

 

Tiene razón el Presidente Alberto Fernández. No hay diferencias en la performance de la economía entre aquellos países en los que la pandemia no fue atacada tempranamente con la cuarentena, y han tenido miles de muertos -caso Brasil-, con los que la implementaron antes y no han sufrido afortunadamente un saldo tan luctuoso -caso la Argentina-Naturalmente, las muertes multiplicándose generan un terror que lo paraliza todo.

 

 

Nadie conoce mejor el arte de las tropelías que quien las hace con frecuencia. Se trata de lógica pura: ¿quién dominaría mejor las dulzuras de la estafa que un estafador?

 

 

En ocasiones, Alberto Fernández se muestra sobrepasado por el escenario y comienza a sentir el agotamiento que, en muchos sentidos, provocan los 100 días de cuarentena y restricciones

 

 

La presidente del Senado apagó los micrófonos y dejó sin voz a la Cámara. Lo hizo para impedir las protestas que surgían porque su proyecto de crear una comisión investigadora del caso Vicentin, que debía ser aprobado por dos tercios y lo fue por mayoría en violación del reglamento y de los acuerdos para las sesiones virtuales.

 

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