Opinión

 

En el curso de unas pocas semanas pasaron de creerse los mejores del mundo, o poco menos, a entrar en pánico y perder los estribos en punto a sus declaraciones.

 

 

La nueva normalidad ya llegó. Está aquí. En todas partes. Expandida a los más variados órdenes de la vida. Desde la desocupación, la deuda y el futuro de los teatros hasta la agenda de los preescolares. Es la incertidumbre. Por su propia esencia tiene carácter provisorio, pero mientras tanto, la incertidumbre es lo normal.

 

 

El Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, elaboró una curiosa interpretación de la pandemia: dijo que el coronavirus “es democrático para infectarse, pero clasista cuando hay que contar a los muertos”.

 

 

Detrás del drama económico y sanitario se encuentra siempre el riesgo de ceder ante los personalismos, las ideas totalitarias y los aventureros mezquinos de la política con sus sueños de mayor segregación.

 

 

A pesar de la desorientación que exhibe la tropa de “los Fernández” mientras “manotea” la faltriquera del erario público para hacer frente al tsunami económico provocado por el Covid-19, se advierte la avidez abusiva de un régimen político que marcha hacia el autoritarismo.

 

 

Desde hace más de 70 días las noticias están casi monopolizadas, y con gran razón, por la pandemia que produjo a nivel mundial el Covid-19. La política y la sociedad están inmersas en una profunda multiplicación de información respecto a esta situación.

 

 

 

Tuve un sueño, era acreedor de la Argentina.

 

 

Cristina eligió bien, pero porque tuvo a quien elegir. No le servían para sus objetivos ni Randazzo, ni Lavagna, ni Schiaretti, ni Massa. Todos tenían algún poder propio que mañana podrían poner contra ella.

 

 

La noticia del secuestro y asesinato del general Aramburu asombró a todo el mundo. Entre ellos, a Juan Manuel Abal Medina, por entonces la mano derecha de Marcelo Sánchez Sorondo, un veterano nacionalista que animaba el Circulo del Plata.

 

 

Cuando el entonces Juez brasileño Sergio Moro comenzó con la causa que terminaría en 2010 con el encarcelamiento del ex Presidente de Brasil Luis Inacio Lula da Silva, lo miré con mis peores y más intolerantes ojos.

 

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