Opinión

 

El ministro Guzmán y los grupos de bonistas decidieron extender las negociaciones más allá de la fecha del vencimiento.

 

 

La Argentina está tan empantanada, y su política tan desencantada, que sólo la audacia podría sacarlas a ambas del atolladero.

 

 

Hace más de medio siglo -cuando en la avenida Corrientes nadie dormía y en las noches del Tabarís brillaba Nélida Roca- a alguien se le ocurrió hacer una encuesta acerca de cuál era la vedette por excelencia del pueblo argentino.

 

 

Hay puntos de contacto entre la decisión presidencial de abrir el debate de un impuesto a las grandes fortunas y la intención de la diputada Fernanda Vallejos de que el Estado se quede con acciones de empresas a las que auxilió

 

 

Uno escucha a los funcionarios de los gobiernos peronistas a nivel nacional, provincial y local, y parecería que disfrutan de la crisis de la globalización que ha producido el coronavirus, o mejor dicho que ha producido la única arma que se aplicado como último recurso desesperado para “planchar la curva de contagios”: la cuarentena medieval.

 

 

Uno no tiene tiempo para el asombro. Máxime cuando se trata de la sanción de leyes que involucran también la voluntad de la oposición, porque uno se pregunta si realmente leen lo que aprueban.

 

 

No se necesita ser clarividente para pronosticar un futuro complicadísimo para el gobierno del Frente para Todos, a medida que se vayan extinguiendo las urgencias de la pandemia provocada por el coronavirus.

 

 

“Hemos perdido el adelanto de las ideas sobre el mundo, la distancia que hace que una idea siga siendo una idea. El pensamiento debe ser excepcional, anticipador y estar al margen, debe ser la sombra proyectada de los acontecimientos futuros. Ahora bien, hoy vamos a la zaga de los acontecimientos. De ahí el retraso de la interpretación”.
- Jean Braudillard, “El crimen perfecto”, 1995.

 


"Quienes asumen hoy el gobierno, a todo lo largo del país, deben saber que fueron elegidos para desempeñar un servicio a la Nación; no para gozar de las ventajas del poder ni extenderlas a las personas de su relación familiar o política".
   
- Arturo Frondizi

 

 

Si a los argentinos nos dan un tiempito quizá logremos también destruir España: ya hemos conseguido, por lo pronto, filtrar en su gobierno a incontables idólatras de Perón y Evita.

 

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