Opinión

 

El gobierno de Alberto Fernández ha soportado en las últimas semanas las consecuencias paradójicas de su éxito sanitario: el número de muertos por coronavirus y el promedio de víctimas y de infectados por número de habitantes de Argentina es ínfimo comparado con las cifras de Brasil, de los Estados Unidos, de Francia o de Chile (por citar sólo algunos ejemplos).

 

 

Es verdad que el Frente de Todos semeja, en punto a sus diferencias ideológicas y estratégicas, una verdadera bolsa de gatos. También lo es que ese mosaico variopinto, comandado a medias por Alberto Fernández y a medias por Cristina Kirchner, llevó al gobierno a muchos improvisados.

 

 

Mientras solo el 11 % de los municipios argentinos registra casos de coronavirus según (https://mercadoyempresas.com/web/aporte-tecnico.php?id=118) el último relevamiento del sitio Mercado y Empresas, las provincias y las localidades sin riesgo van flexibilizando de hecho, y la propia Ciudad de Buenos Aires registra un tránsito de ingreso a la ciudad del 79 % comparado con la pre cuarentena.

 

 

Covid-19 no es más mortífero que otros virus. Algunos han sido decididamente peores. Lo que lo hace diferente es la voluntad ecuménica de frenarlo a virtualmente cualquier costo.

 

 

El Gobierno tomó una actitud que puede implicar para el país un destino de empobrecimiento masivo durante muchas décadas

 

 

El presidente Fernández sigue sometido a intenso fuego amigo desde el costado más duro del cristinismo fascista que tiene en el Instituto Patria la usina de boicots y operaciones más fuertes contra el presidente.

 

 

Pasaron algunas semanas durante las cuales algunos incautos vieron a Alberto Fernández como un ángel rubio de ojos azules, lo suficientemente iluminado como para sacarnos de las acechanzas del Covid-19.

 

 

Sabemos que Ud. junto a otros intelectuales de distintos países están estudiando las perspectivas de futuro para el mundo post-coronavirus. Qué puede comentarnos?

 

 

Aquel niño de nueve o diez años que hasta entonces solo conocía los libros descubre de pronto el carácter romántico de un secreto y los asombrosos ritos de un duelo a muerte. El drama tiene lugar en la quinta Los Laureles: su primo Lafinur lo ha llevado en tren a un asado campero. Corre el año del Centenario y del cometa, y ya los cuchilleros pasaron de moda; como se sabe: el revólver de seis tiros acabó con el más guapo. El niño es tímido, y pasa inadvertido entre churrascos, guitarreadas, habanos y conversaciones picantes.

 

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