Opinión

 

El film sobre una experiencia fabril china en EE.UU. invita a preguntarse, en el debate de modelos políticos, qué ofrecen a cambio de lo que tenemos los partidarios del populismo

 

 

A diferencia de lo que hubiera sucedido en el caso de haber sido Mauricio Macri el triunfador en las elecciones presidenciales del pasado mes de octubre, Alberto Fernández llegó a la Casa Rosada el 10 de diciembre con una certeza a cuestas: habría para él luna de miel, más allá de la desastrosa situación hallable en el país que estaba a punto de gobernar.

 

 

El kirchnerismo es una máquina de generar sorpresas que no dejan de asombrar. En alguna medida resulta bueno para confirmar que uno no ha perdido, justamente, la capacidad de asombro.

 

 

La bravata de la vicepresidente Cristina Fernández contra el FMI terminó como se esperaba: con una bofetada del organismo internacional.

 

 

En los últimos tiempos se ha hablado mucho sobre la reestructuración de la deuda hecha “a la uruguaya”. Para entender mejor el proceso vale la pena citar algunas reflexiones del Dr. Ricardo Pascale, uno de los artífices de la reestructuración de los compromisos con el FMI realizados por el país vecino.

 

 

Los resueltos a apoderarse del lenguaje y, esperan, de lo que piensa la mayoría, han montado una serie de ofensivas contra aquellos que, a pesar de todo, insisten en reivindicar la libertad de expresión.

 

 

Durante la era macrista los relatos políticos pasaron de moda, quizá como una reacción a la excesiva proliferación de los mismos durante la anterior era kirchnerista. Pero ahora, en la posterior era kirchnerista los relatos no podían sino volver, como una clara marca de identidad de este modo de hacer política.

 

 

Algo anda mal en un país cuando oficialismo y oposición se concentra en un solo centro de poder. El desenlace de esa contradicción suele ser siempre violento y las facturas que se pagan alguna vez estuvieron teñidas de sangre. Y los costos los paga toda la sociedad.

 

 

Dicen que no existe distancia más grande entre dos hombres que aquella que surge de un malentendido. Acaso lo propio sucede entre los Estados.

 

 

Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos;

Era el siglo de la locura, era el siglo de la razón;

Era la edad de la fe, era la edad de la incredulidad;

Era la época de la luz, era la época de las tinieblas;

 

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