Opinión

 

La globalización ha sido el producto de la revolución de las conectividades. Conectividades materiales (aviones más veloces, con mayor capacidad, y más baratos; enormes barcos de transporte; mejores carreteras y autos y camiones más eficientes).

 

 

Si la herencia que recibió Alberto Fernández dejaba mucho que desear, y buena parte de las dificultades con las que debía enfrentarse no tenían solución en el corto plazo, el coronavirus ha agravado la situación argentina hasta límites indecibles.

 

 

De repente, con la pandemia del coronavirus quedaron obsoletas hasta las metáforas, o invirtieron su sentido. Viralizar, voz que quiso hacer virtuosa para las comunicaciones la velocidad de propagación de los virus y que la Real Academia bendijo hace apenas un año, hoy representa para la Humanidad entera la peor perspectiva. Ya no referida, claro, a mensajes virtuales sino a la etimología cruda del término.

 

 

A veces el remedio es peor que la enfermedad. ¿Es tan peligroso el virus que sería mejor empujar la economía mundial hacia una depresión que tratarlo como un patógeno parecido al de la gripe común al cual tendremos que acostumbrarnos?

 

 

Las expectativas frente a lo que vendrá dependerá del rumbo del comercio exterior, de la suerte en las negociaciones por la deuda externa y, fundamentalmente, del comportamiento del virus y el de los argentinos

 

 

Algo bueno ha traído el coronavirus por nuestras tierras y ha consistido en una cierta parálisis de las estrategias que venía pergeñando Cristina Fernández para deglutirse como una boa a la oposición y al mismísimo Alberto desde el Congreso, impulsando proyectos que pudiesen imponer su agenda de obsesiones respecto del funcionamiento de algunas instituciones republicanas.

 

 

Parece mentira que hasta las calamidades nos hagan dar cuenta del tipo de mentalidad en la que hemos caído.

 

 

Me propongo en esta presentación dos objetivos, nacidos de la profunda convicción en la validez del camino de la democracia republicana para la Argentina y en la necesidad de fortalecer las instituciones, incluidos los partidos políticos.

 

 

Los sectores no kirchneristas del actual gobierno, compuestos por los cuadros más importantes del albertismo y del massismo, tanto en su modo de pensar como en las políticas que proponen en la mayoría de los casos, están mucho más cerca de la lógica de un dirigente medio de Cambiemos, como Monzó, Frigerio, Morales o Cornejo que de Cristina (no están, claro, cerca de Macri y su círculo íntimo, pero estos dirigentes de Cambiemos que citamos tampoco lo estuvieron ni lo están).

 

 

Un grupo de senadoras kirchneristas presentó un proyecto destinado a intervenir el Poder Judicial de la provincia de Jujuy. El objetivo es claro: sustituir a los actuales jueces por otros que sean militantes kirchneristas para que, vía la anulación de todas las causas sustanciadas en los últimos cuatro años por la justicia jujeña, logren la absolución de Milagro Sala en las diversas actuaciones judiciales en las que está siendo procesada.

 

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