Opinión

En un tiempo donde se exige —con razón— una justicia ágil y empática frente a los casos de abuso intrafamiliar, se ha vuelto indispensable reconocer también un fenómeno tan doloroso como invisibilizado: el de las falsas denuncias.

Nueva mañana en mi observatorio jardín. Café que empaña mis anteojos pero cuyo sabor y aroma aceitan el fluir de mis ideas. A veces, las veo/pienso como una manada revoltosa que cada tanto converge en alguna pradera fértil, se multiplica y ordena, convive y sobrevive; cambia, pero mantiene su estirpe.

Los días pasan y la delincuente condenada a seis años de prisión sigue hablando. No hay nadie que tenga lo que hay que tener para detener este atropello -no ya a la igualdad ante la ley- sino al sentido común.

Mientras Milei insulta y desarma instrumentos financieros, Vaca Muerta aparece como posible bisagra. Sobran recursos; falta confianza institucional.

El humo blanco ha aparecido. Por lo tanto, tenemos Alianza en Mendoza. Analicemos, entonces, el perfil de los que la firmarán y el sentido histórico del acontecimiento.

“El príncipe cuyo gobierno descanse en mercenarios no estará nunca seguro ni tranquilo, porque están desunidos, son ambiciosos y desleales, valientes entre amigos pero cobardes frente a los enemigos, y porque no tienen disciplina”, advertía famosamente Nicolás Maquiavelo. Este consejo no debería resultarle indiferente al presidente de la Nación ni a los armadores libertarios de la provincia de Buenos Aires, que han resuelto hacer pejotismo puro para derrotar al pejotismo.

“He visto el futuro, y funciona”. 
- Lincoln Steffens

El rasgo más pernicioso de este escenario es la carga emocional con la que se concibe la política como una lucha entre el bien y el mal

Entre listas tensas, heridos digitales y las lógicas territoriales, la política local no tiene un futuro claro.

Relatos salvajes fue hace diez años una multipremiada película argentina. Contaba seis relatos en los cuales sus personajes “se verán empujados hacia el abismo y hacia el innegable placer de perder el control al cruzar la delgada línea que separa la civilización de la barbarie”.

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