Opinión

Javier Milei arrasó no tanto por el porcentaje de votos que sacó, sino porque fuera de él no quedó nada ni nadie en pie. En el gabinete sólo sus incondicionales. En la oposición amigable sólo sometidos y derrotados. Y el kirchnerismo. peor que dividido, terminó descabezado.

 

Sin embargo, más allá de hablar de lo que podía haber pasado y no pasó, lo cierto es que la elección se nacionalizó enteramente, con lo que perdieron casi todos los candidatos de los gobernadores. Pero eso no implica necesariamente que la causa principal del triunfo hayan sido los candidatos locales de Milei ni el partido nacional que le armó Karina y los Menem. Acá lo que ocurrió es que se plebiscitó en todo el país a Milei. 

Fue un huracán expresado en su sola persona que barrió con todo obstáculo que se le cruzó. No ganó, arrasó. Y hubiera arrasado igual con o sin Karina y con o sin el partido LLA. No obstante, su triunfo le permitió considerar a su hermana como artífice del mismo, lo cual "se non è vero, è ben trovato". ¿Quién se lo puede discutir? Y, además, ¿importa discutirlo? Javier está contento porque pudo inyectarle una dosis gigantesca de oxígeno a la persona a quien él más quiere (pero que casi nadie más quiere) para que intente lograr algún tipo de volumen político propio.

Pero, en lo que al fondo de la cuestión se refiere, el presidente no ganó por la ingeniería electoral que le hicieron ni perdió por los desaguisados económicos y políticos que, de modo abundante, abrumador y autoinfligido, cometió en los últimos meses, sobre todo desde que, al lograr abrir el cepo gracias al préstamo del FMI, se comenzó a creer Gardel y convirtió a Karina en Le Pera, en la que le escribía las canciones.

Las razones por las que Milei terminó nuevamente plebiscitado son variadas. Una parte por los que se mantienen identificados con él como el primer día (son muchísimos los que lo siguen viendo como el dirigente más cercano a ellos, como el vengador popular que, sin ser político se atrevió a meterse en el nido de ratas para destruirlos a todos desde adentro). Otra parte por sus logros antiinflacionarios. Y otra parte para que no regrese el kirchnerismo.

Incluso podría haber más razones para haberlo votado (como el temor a que, si seguía la crisis económica que tenía al gobierno pendiendo de un hilo, si no se lo revalidaba, todo pudiera estallar), pero sea por lo que fuere, el único que ganó fue el presidente. Tuvo la ayuda fundamental de Donald Trump, es cierto, como hace dos años tuvo la fundamental de Mauricio Macri, también es cierto. Ayudas que colaboraron muchísimo para taparle tantos errores autoinfligidos, pero la gente votó a Milei y nada más que a Milei. Por lo que es difícil saber cuánto le sumó la ayuda externa, pero no es tan difícil saber que frente a Milei hoy no existe nadie más con relevancia propia.

No es que el 40% que lo votó sea tanto, sino que el 60% que no lo votó es nada, porque no quedó en pie la menor opción alternativa. Por lo tanto, para ser más precisos, podríamos decir que no es tanto que Milei arrasó por méritos propios (aunque nadie puede negar que los tiene) sino que arrasó porque, con él o sin él, hoy el sistema político está arrasado. Un sistema que está hacia afuera, enormemente desprestigiado, y hacia adentro, enormemente atomizado. Realidad que excede, y con creces, a la Argentina.

En consecuencia, frente a ese clima de época, hoy, a diferencia de hace dos años, tiene Milei cien veces más posibilidades de construir un proyecto hegemónico, no sólo porque sumó más gente propia en el Congreso, aunque no llegue a la mayoría, sino porque todos los demás perdieron... o ganaron con el aliento en la nuca. Entonces, desde el domingo, cada uno de los gobernadores vale mucho menos (tanto de a uno como en conjunto) que el día antes del domingo, por lo que se podrá negociar mayorías caso por caso, con mucho menos esfuerzo y por lo tanto con mucho menos "cash".

Trump le pidió, como antes le pidiera (y le sigue pidiendo) Macri, que se junte con todos los que pueda. La respuesta positiva a ese pedido la dio Milei en su muy buen discurso de la noche de la victoria. No obstante, si hoy Milei elige ese camino lo elegirá porque quiere, pero no porque realmente lo necesite como lo necesitaba hace dos años. Aunque, de elegirlo, no solo hará algo bueno en política, sino que también empezará a vencer sus peores instintos, los que parecen ser lo central de su personalidad, de su psicología, de su temperamento.

Algo tan imposible de prever como lo fueron estas elecciones, donde tanto el peronismo como el mileismo se conformaban con ganar o perder por poco y los del medio con salir terceros, pero creciendo. Y resultó lo contrario: unos ganaron por mucho y otros perdieron por mucho. Y los del medio fueron literalmente barridos de escena. Algo que no se imaginaban ni siquiera los que querían que ocurriera este escenario.

Por lo tanto, si ahora Milei actúa como lo hizo en su primer año, o como lo hizo en su segundo, o de una tercera forma, es algo que quizá ni siquiera él mismo sabe qué hará. Porque hoy está en condiciones de elegir el camino que quiera. Pues aún si cometió errores por doquier durante los últimos meses -como efectivamente los cometió- ninguno de ellos se reflejó en los resultados electorales. Por lo cual se agrega el peligro de que el presidente y sus íntimos crean que esos errores no fueron tales, o que, en todo caso, solo fueron por culpa de los K. Y nada hay más peligroso, sobre todo para quien gana, que equivocarse en el diagnóstico porque en vez de aprender de sus fallas y corregirlas, puede hasta correrse el riesgo de que las amplíe.

La invitación de Trump a la Casa Rosada fue un apoyo similar al pacto de Acassuso en casa de Macri. Milei obedeció en ambos casos porque se sentía confundido y temeroso y en ambos casos sus "benefactores" lo ayudaron a ganar morigerando su personalidad. Macri le propuso aliarse con todo el mundo que pudiera para formar la más amplia alianza posible, mientras que Trump le sugirió algo similar. Pareciera que Milei entendió y agradeció esas ayudas, pero a la vez también parece creer que la gran artífice de su triunfo es Karina, quien siempre le propuso exactamente lo contrario: que se corte solo lo más que pueda y si se acerca a otras fuerzas sea para cooptarle ("afanarle", diríamos en criollo básico) su gente, no para aliarse con nadie.

En fin, Milei en estos momentos puede arrancar para cualquier lado. Si escucha a Macri o Trump irá para un lado, que es el camino de construir la más amplia fuerza política posible sumando a todos los que pueda sumar, de todos los modos en que los pueda sumar. Si escucha a Karina y Santiago Caputo irá para otro lado: ella cree que él es un enviado, el elegido por la providencia para salvar a la Argentina y al mundo. Y Caputo, lo tiene seducido con esa idea de querer coronarlo como el emperador romano de la Argentina. Aunque sean diferentes en casi todo, a Karina y a Santiago los une la misma vocación de proclamarlo dios en la tierra a Javier. Claro que, muy posiblemente, hasta en lo que sean iguales sean distintos: Karina se siente como la madre del redentor enviado a la tierra por las fuerzas del cielo, mientras que Santiago parece ser más comparable con lo que Julio César consideró a Brutus: su probable hijo no reconocido. Con lo cual es seguro que Karina jamás traicionará a su "hijo", mientras que no es tan seguro que Santiago jamás traicione a su "padre". En fin, reminiscencias bíblicas e imperiales de una saga argentina que tanto se parece a lo que narran aquellas historias legendarias.

Teniendo hoy Milei libertad y poder suficientes para elegir el camino de unidad que le proponen Trump y Macri, o el de la coronación imperial que le proponen Karina y Santiago, parece que hacia adentro elegirá un gabinete totalmente dependiente de sí mismo donde solo pesarán los dos miembros del círculo de hierro. Y hacia afuera intentará un aperturismo sui generis porque no tiene pares con los cuales negociar, solo gobernadores sometidos si se aliaron con él o derrotados si no se aliaron. Y un enemigo K dividido que a la vez se ha convertido en un jinete sin cabeza. Solo le faltan algunos legisladores en el Congreso, pero muchos menos de lo que imaginaba. Y tiene de donde sacarlos negociando una vez con unos y otra vez con otros. No hay ya ni liga de gobernadores existente ni potencial, ni alternativas políticas intermedias, ni nada más que Milei.

Sintetizando, la primera semana post electoral parece indicar que Milei piensa seguir la receta propuesta por sus consejeros externos, Macri y Trump, de abrirse a todos, pero ejecutarla con sus máximas espadas internas, cuyo objetivo final es el de que Milei se quede él solo absolutamente con todo. Hoy puede darse el lujo de hacer las dos cosas juntas. Mostrarse generoso y grande frente a un montón de derrotados o sometidos, a la vez que seguir armando las condiciones para continuar con la construcción de su partido único, que si cometió errores en su gestación pre-electoral, con su triunfo en las urnas le fueron perdonados todos.

Además, no nos engañemos, es cierto que los dos Macri, Alfredo Cornejo y Rogelio Frigerio son -junto a unos pocos otros- aliancistas convencidos que se la pasaron varios meses consumiendo una dieta alimentaria compuesta solamente de sapos violetas a ver si lo convencían a Milei de seguir por ese camino de ampliación de consensos, mientras que Trump sólo fue aliancista coyuntural porque su secretario del Tesoro, Scott Bessent, le contó todas las barbaridades y trapisondas que Milei estaba haciendo en lo político y en lo económico y entonces el presidente norteamericano le sugirió al argentino -aparte de alfombrarle el camino de dólares- abrir sus miras y convocar a todos los que pudiera, para que no fuera derrotado y de ese modo perdiera a su principal aliado internacional. Pero ahora que Milei ganó, a Trump debe importarle poco y nada que el argentino se convierta en Mandela o en Bukele.

Una escena quizá indicativa de lo que puede estar aconteciendo en estos días dentro de la cabeza de Milei, fue su cena con Mauricio Macri este viernes. Porque mientras el presidente libertario le agradecía al ex presidente liberal su apoyo y escuchaba sus consejos, hacía renunciar de su gabinete a los ministros más conciliadores y, a través de Patricia Bullrich, le robaba a Macri todos los legisladores que le era posible robar. Difícil que el jefe del PRO, al salir de la reunión, no se haya indigestado con las milanesas con que lo agasajó el jefe de la nación. Tanto se indigestó que ayer hizo público un comunicado durísimo donde muestra todas las diferencias con Milei, que alejan muchísimo las posibilidades de cualquier acuerdo entre ambos líderes.

En fin, Javier Milei hoy, con la mayoría del país rendido a sus pies por buenas o malas pero infinitas razones, y con la oposición destituyente descabezada por merecidísimas razones, puede elegir el camino que quiera. Sin embargo, como decía mi profesor de filosofía en la facultad: "El hombre es libre de sus actos, pero no de sus consecuencias".

* El autor es sociólogo y periodista.

https://www.losandes.com.ar/opinion/milei-mas-que-ganar-arraso-todo-y-todos-n5968537

El municipio es el orden de gobierno más relevante para la calidad de vida diaria de los ciudadanos. Es quien debe brindar servicios básicos como el drenaje y alcantarillado, el alumbrado público en las calles, el cuidado de parques y jardines, la recolección de basura, el mobiliario urbano, el bacheo y la seguridad pública, entre otros.  Sin embargo, al mismo tiempo, es el eslabón más débil en el andamiaje institucional del federalismo. 

De la fiesta cívica al cansancio global: 5 causas, 3 países, 3 escenarios y 3 claves prácticas.

 

Ahora The Economist, Financial Times y The Wall Street Journal elogian el plan económico de Milei con la misma convicción que la semana pasada lo criticaban.

El Presidente compartió una declaración que apunta a ensanchar la base de sustentación oficialista, independientemente de la procedencia.

“Sólo las naciones que sepan aprender, adaptarse y redefinir su visión del mundo heredarán el porvenir”. Eric Hoffer 

Los ciudadanos le han dado una nueva oportunidad al gobierno nacional. En los dos años anteriores puede ufanarse de haber bajado la tasa de inflación, pero al detestar la política no fue capaz o no quiso articular una mayoría legislativa para impulsar un programa de reformas que remueva los obstáculos que impiden el despegue de la economía argentina.

Al votar el domingo pasado quien escribe estas líneas no pudo dejar de recordar unas elecciones en 2005, hace veinte años, en la República de Bolivia, a las que concurrió como observador de la OEA y ver con algo de envidia que en ese país se votaba con boleta única de papel.

Veinte años pasaron hasta que se implementara en la Argentina un cambio que garantiza más transparencia en las elecciones, es más barato y acelera el conteo de los votos. ¡Como nos cuesta promover reformas en nuestro país! Esperemos que esta permanezca porque otro defecto es que los avances los congelamos enseguida como pasó con la suspensión de las primarias abiertas y obligatorias que hubieran impedido esa proliferación de ofertas electorales que resultan ser la consecuencia de egos más que de diferencias substanciales.

Con resultados electorales inesperados para triunfadores y derrotados surgen distintas especulaciones de los motivos que llevaron al triunfo contundente del gobierno nacional y en el que desaparecieron las diferencias que se dieron en elecciones anteriores en los resultados entre las provincias más productivas con las de menor desarrollo relativo.

Uno de los interrogantes que se dan es si el voto ganador fue para premiar a una gestión de gobierno o para impedir el retorno de los que gobernaron 18 años de los últimos veinticuatro y el recuerdo en particular del paso por el poder del binomio Alberto y Cristina Fernández.

Parafraseando la frase del poema Buenos Aires de Borges hay que dilucidar si los votantes de Milei lo hicieron porque “No nos une el amor sino el espanto” o realmente están convencidos de la calidad de gestión de este gobierno.

Tal vez el recuerdo de las Paso de 2019 cuando la enorme diferencia que le sacó al presidente Macri la fórmula Fernández – Fernández disparó el riesgo país y el precio del dólar preanunciando que se venían días de fracasos y retrocesos para el país como en efecto sucedió, influyó en la decisión de muchos votantes preocupados por las turbulencias cambiarias de las últimas semanas.

Dicen los que estudian los comportamientos electorales que la mayoría de los ciudadanos deciden a quien votar en las últimas 72 horas anteriores a la elección. Pareciera que en esos tres días se decidió el resultado en una campaña electoral en la cual la oposición K solo proponía frenar a Milei y el gobierno no volver al pasado K.

Otra pregunta es a quien perjudicó el incremento de la abstención, que en días previos se temió fuera aún mayor y que fue muy alta en la ciudad de Buenos Aires, el distrito donde los temas nacionales están siempre por sobre los locales. Pareciera que en la elección de la provincia de Buenos Aires en septiembre perjudicó al oficialismo nacional. También queda claro que el electorado tiene en cuenta las diferencias entre las ofertas provinciales y las nacionales como vemos al comparar comicios anteriores en Santa Fe y Corrientes en los que el partido del presidente hizo elecciones pobres y ahora ganó o estuvo muy cerca del triunfo.

Este gobierno mostró en sus primeros años que asuntos como la mejora de la justicia, el fortalecimiento de los órganos de control, la calidad institucional, no forman parte de sus prioridades y posiblemente tampoco lo sean del electorado argentino. mostrando que en esto no hay grieta.

Escuchaba el lunes a la noche en una comida a uno de los más poderosos empresarios argentinos decir: “Un país requiere un programa de desarrollo, con condiciones para que los empresarios inviertan y generen trabajo, esto no se resuelve solo con pases financieros y una economía extractiva que puede contribuir a generar divisas, pero no es capaz de generar la cantidad de empleos que hay que crear en el país”. Interesante reflexión en un gobierno con un ministro de economía que se destaca por su conocimiento del mercado de bonos, la especialidad también del nuevo canciller.

Los ciudadanos le han dado una nueva oportunidad al gobierno. En los dos años anteriores puede ufanarse de haber bajado la tasa de inflación, pero al detestar la política no fue capaz o no quiso articular una mayoría legislativa para impulsar un programa de reformas que remuevan los obstáculos que impiden el despegue de la economía argentina y concluya con un ciclo de estancamiento que ya lleva quince años.

Hace más de quince años que no hay creación de empresas, incluso en los últimos tres años cerraron decenas de ellas todos los días con las secuelas de casi 250 mil empleos privados perdidos. Las carencias en infraestructura afectan los proyectos productivos y las inversiones en recursos que pueden generar las divisas que tanto necesitamos.

Esperemos que estos comicios inicien un camino de restablecimiento institucional que posibilite recuperar el camino del crecimiento única manera de elevar el nivel de vida de la población.

* El autor es presidente de la Academia Argentina de la Historia.

Fuente: https://www.losandes.com.ar/opinion/esta-vez-la-segunda-parte-tiene-que-ser-mejor-que-la-primera-n5968011

Scott Bessent, el secretario del Tesoro de Estados Unidos llamó peronist" a la senadora demócrata Elizabeth Warren por criticar el swap con Argentina. De pronto, el debate político norteamericano adoptó una dinámica familiar para los argentinos.

Lo que estaba en juego en las elecciones que acaban de substanciarse el pasado día domingo no era -más allá de los slogans de campaña y de las frases relampagueantes utilizadas por los distintos partidos políticos anotados en la disputa - si seguíamos siendo un país libre o nos convertíamos en otro, parecido a Venezuela.

Finalmente pasaron los comicios nacionales de renovación legislativa que durante meses hicieron correr litros de saliva y de tinta.

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