Política

Dejemos a Cristina Kirchner entregada a su amor por la grieta. Como le dijeron ayer algunos senadores opositores, aunque peronista la mayoría, se acordó de resucitar el Senado solo para tratar el proyecto de su hijo Máximo, sobre un eventual impuesto a las grandes fortunas, que reabrirá, subrayaron, la vieja fractura entre los argentinos.

 

La implosión de la economía le pone un reloj de arena a la cuarentena. La peor opción es no planificar la salida.

 

Alberto Fernández intentó el viernes pasado justificar la prórroga “sine die” de la cuarentena comparando la estrategia argentina con la de otros países de la región. Apeló al triunfalismo. Su mensaje fue “estamos ganando”.

 

El presidente Alberto Fernández resolvió trasladarle sin excepciones la responsabilidad a los gobernadores para que analicen y eventualmente apliquen medidas de flexibilización a la extensión de la cuarentena social preventiva y obligatoria que se extenderá en principio hasta el 26 de abril.

 

El coronavirus amenaza con corroer la matriz de la mitología kirchnerista sostenida en la aparente capacidad de enfrentar con éxito situaciones de emergencia inesperadas.

 

La elección de los gráficos que presentó el viernes pasado el presidente no fue ni tan acertada ni tan “científica”: los resultados estuvieron mal presentados.

 

En el capítulo argentino del Covid-19 está muy claro que ni los lobbies ni las ideologías descansan.

 

En coincidencia con la irrupción del coronavirus en la Argentina, Alberto Fernández protagonizó en un mes una de las mayores escaladas en términos de imagen positiva en la opinión pública que se recuerden.

 

El Congreso tiene actividad limitada y no sesiona desde hace un mes. La Justicia sigue con una feria extraordinaria. Alberto F. consulta a la oposición, pero monopoliza la toma de decisiones

 

Aunque sí con policías. Pero si el miedo disciplina, el terror espanta. Es a lo que le temen los políticos oficialistas. Por eso, ganar tiempo sigue siendo la gran política vigente. Y excluyente.

 

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