Política

Era el joven maravilla y hoy es un dolor de cabeza. En seis meses ese fue el camino que recorrió Axel Kicillof en la consideración de Alberto Fernández.

 

El dólar y la cesación de pagos reaparecieron en escena, a pesar de que el coronavirus siguió monopolizando la agenda mediática. Inflación en alza; actividad y salarios a la baja.

 

El Presidente busca utilizar el consenso que reunió en el combate contra el coronavirus para fortalecer la estrategia ante los acreedores. Aunque el Gobierno no descarta un posible default

 

Dos certezas hacen de telón de fondo al triste espectáculo de la pandemia. Una de ellas es que la Argentina no puede (ni debe) caer en default.

 

El miedo a ser contagiado cede ante los avances positivos del programa implementado por el gobierno de Fernández, que logra achatar la curva.

 

El Gobierno descubrió que ser parte del FMI puede funcionar en situaciones críticas.

 

Desde un principio, Alberto Fernández percibió que coquetear con un nuevo default era la mejor táctica para negociar desde una posición de fuerza ante los bonistas.

 

Alberto Fernández juntó masa crítica institucional para presentar la oferta a los bonistas. Cristina Kirchner, Sergio Massa y Horacio Rodríguez Larreta.

 

La moneda está en el aire: si los acreedores de deuda argentina asentada en legislación extranjera no aceptan la oferta de reestructuración que ha elaborado el ministro de Economía Martín Guzmán, el país caerá en el default que ciertos analistas vienen profetizando y que el presidente Alberto Fernández ha dicho que prefiere evitar, pero ha bautizado como "default virtual".

 

¿Alberto Fernández será el presidente de los consensos? ¿La apuesta a distanciarse de Cristina Kirchner se licuará a medida que se consolide su presidencia?

 

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