Política

Las políticas públicas a aplicar deberían incentivar a la inversión, para mejorar la productividad y la competitividad

 

Se le reprocha al Gobierno no haber presentado un programa económico. No se trata de un reproche injustificado, porque los agentes económicos están en pausa a la espera de qué hará el Estado.

 

Desde que el presidente Alberto Fernández anunció en la Asamblea Legislativa del 1º de marzo el envío al Congreso de proyecto de ley de despenalización del aborto, en el seno del gabinete se instaló la impresión de que esta vez habrá que batallar “más hacia adentro que hacia afuera” del oficialismo para que, a diferencia de lo ocurrido en 2018, la iniciativa pueda ser sancionada por el Congreso.

 

Alberto Fernández debe articular dos tensiones: la económica -como fruto de la situación que iba a heredar- y la política -como consecuencia de la génesis de la propia coalición, diversa y con el liderazgo mayor en la vicepresidenta

 

Lo que interesa del discurso de Alberto Fernández en el Congreso es cómo en aquella presentación se encuentran las dos encrucijadas más importantes que tiene el Presidente. Una de ellas es institucional y, la otra económica; y las dos se relacionan entre sí.

El Presidente le asigna a la renegociación con los bonistas la posibilidad no solo de contar con más recursos económicos, sino de ganar autonomía de la vicepresidenta

 

De los anuncios que hizo el presidente Alberto Fernández ante la Asamblea Legislativa, los dos más resonantes fueron los proyectos para legalizar el aborto y reformar la Justicia federal.

 

El proyecto de más jueces, que licuará el poder de Comodoro Py, genera debate en el seno de la alianza gobernante.

 

Se esperaban de Alberto Fernández precisiones sobre el programa económico que desarrollará en su mandato, pero, previsiblemente, no hubo ninguna novedad en esa delicada materia. En el mensaje a la Asamblea Legislativa predominaron en su lugar paradojas y expresiones de deseos.

 

A veces, Alberto Fernández se parece a esos malabaristas que juegan con cinco platos en el aire. Hasta se dio el lujo de resolver la contradicción que planteó Max Weber (a quien no nombró) sobre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad.

 

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