Política

La pelea con la oposición y con los jueces saca de los primeros planos los momentos oscuros en la economía; el escándalo del caso Scioli resulta funcional a una estrategia de distracción

 

El discurso del Presidente puede brindar una pauta de quién realmente gobierna en la coalición del Frente de Todos.

 

Si bien ahora se desdijo, Nora Cortiñas, la integrante de Madres de Plaza de Mayo, atacó fuertemente al presidente porque éste había sugerido “dar vuelta la página” en materia del relacionamiento de la sociedad con las fuerzas armadas en un acto en donde Fernández despedía a un contingente de militares que se integraban a las fuerzas de paz en Chipre. Cortiñas dijo que Fernández era un “negacionista”.

 

La fase de precalentamiento del Gobierno llegó a su fin esta semana, con los primeros choques concretos con factores de poder.

 

El principal activo electoral del Frente de Todos que gobierna la Argentina y la provincia de Buenos Aires es el conurbano bonaerense. Allí se asentó el éxito en las urnas el año pasado para que Alberto Fernández llegue a la presidencia y Axel Kicillof a la gobernación.

 

En julio del 2003, el entonces presidente Néstor Kirchner visitó al entonces presidente George W. Bush. El encuentro exhibió una coincidencia fundamental, a 30 días del cierre de las negociaciones de la Argentina con el FMI: los bonistas tenían que hacerse cargo de haber invertido irresponsablemente en un país en bancarrota. Quedaba así habilitada una quita nominalmente importante a los bonos argentinos en dólares.

 

Hasta no hace mucho se tomaban como referencia los primeros 100 días de los gobiernos para anticipar su futuro. La cifra alude a la arrolladora contraofensiva de Napoléon desde su regreso del exilio hasta su derrota definitiva en Waterloo.

 

A partir de la semana próxima, el Presidente buscará cerrar un acuerdo legal con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los bonistas bajo legislación internacional, despenalizar el aborto en la Argentina, impulsar una suba de retenciones en el campo y obtener la designación de Daniel Rafecas como Procurador General de la Nación

 

El sociólogo Gerardo Aboy Carlés suele decir que el consenso democrático de 1983 tenía un elemento central. Construido –por imperio de la necesidad– como una frontera con el terrorismo de Estado: la entronización de los derechos humanos “con potencia casi religiosa” como condición de toda politicidad legítima.

 

Rodríguez Larreta necesita mantener una actitud constructiva hacia el Gobierno, sin perjudicar su propia gestión, y resolver la transferencia de bienes y fondos desde la Nación

 

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