Opinión

Milei está por acordar con el Fondo Monetario en pleno ciclo de volatilidad de los mercados.

“El establishment no entiende lo que está pasando –dice el fantasma–. Esto no es un gobierno, es una revolución”. El ubicuo fantasma del hombre más poderoso de la Argentina aparece y reaparece bajo distintos nombres en la red social más politizada, y confiesa que a veces actúa como el doctor Jekyll y en ocasiones, como míster Hyde. Los mensajes cifrados que Santiago Caputo envía a su tropa son inquietantes, tal vez clarividentes; en todo caso, muy reveladores de lo que se siente, cocina y barrunta en el Triángulo de Hierro.

“Lo malo es el poder político ilimitado. Nadie tiene capacidad suficiente para ejercer sabiamente unos poderes omnímodos”.
- Friedrich von Hayek

La mayor sorpresa del freno al pedido de licencia del juez Ariel Lijo la dio el recientemente incorporado García-Mansilla.

Lo curioso no es que un presidente use los recursos del Estado para apretar a opositores, empresarios, economistas y periodistas. Esa suele ser una triste tradición de la política argentina.

Con el anuncio del decreto que selle el próximo acuerdo con el FMI, el Presidente intenta concretar su sueño de gobernar sin negociar con la oposición

Adorni el muteador del gobierno, es un economista devenido en periodista para quien la libertad de prensa dejó de ser importante desde que asumió la función de gobierno.

La semana pasada la Corte Suprema de Justicia le tomó juramento a Manuel García Mansilla, un acto que lo legítima como juez en comisión por un año legislativo por lo menos.

Se pretende instalar una polarización entre dos variantes del populismo político.

Los gestos autoritarios de Milei y su entorno, tolerados por buena parte de una sociedad que los veía cuestionables pero valoraba el compromiso con la austeridad fiscal, se volvieron una preocupación creciente

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