Opinión

Es difícil encontrar en la Argentina del presente siglo un fin de año más tranquilo que el que acabamos de pasar, lejos de las corridas bancarias y cambiarias, sin protestas callejeras ni piquetes montados por los llamados gerentes de la pobreza. A diferencia de otros diciembres, tampoco hubo esta vez llamados de responsables de cadenas de supermercados a intendentes o comisarios para reforzar la seguridad en sus locales por temor a saqueos.

Luego de ponerle el título a esta nota, me di cuenta de que me había equivocado. Me había equivocado fiero. Para que el título sea el correcto, hace falta introducir una palabra: “no”. ¿De qué no hablamos cuando hablamos de Malvinas?

Un cachorro humano abre por primera vez los ojos en este mundo al que es arrojado. La palabra parece fuerte pero es real. Nada ha sido decidido por él. No tiene opciones, más aún, lo conmina con una palmada, un zamarreo y un baño. Respira, chupa, traga o muere. Viene desde otro mundo donde todo le es dado, la vida. En él tuvo algunas sensaciones que cual ensayos, aprestamientos, lo vinculan de modo fundacional e irreversible con el fondo biológico cultural que le fue, es y será dado en una inacabable cadena evolutiva. 


Nuestro compromiso ha sido siempre con la defensa de los valores republicanos y con generaciones de lectores a quienes agradecemos profundamente su confianza.

El gobierno libertario finaliza el año con un Muy bien diez, felicitado. Sucedió lo que nadie imaginaba y Javier Milei, rápido de reflejos, se apura a aprovecharse de una oportunidad dorada, que quizás no se repita.

“La generalidad de los hombres desciende al sepulcro, no sólo sin haberse conocido a sí mismos, sino también sin haberlo intentado” (Jaime Balmes)

Para Tocqueville la democracia era el estado natural de la sociedad y su motor era la igualdad siendo la pasión ciudadana por ella eterna e insaciable. Fue el gran pensador defensor del liberalismo político en su verdadera acepción.

Pasados ya unos días del fallecimiento de Jorge Lanata, quisiéramos en esta nota reflexionar sobre lo que, en nuestra opinión, es el legado conceptual más permanente y profundo que nos dejó el gran periodista. Vale decir, su lucha contra esa falaz concepción por la cual la corrupción pública tiene causas ideológicas: el neoliberalismo según los kirchneristas, el estatismo según los mileistas.

Crónica de una partida que no será total. El periodista se fue, pero deja decenas de periodistas que aprendieron con él a escribir, investigar, debatir y pelearse con el poder.

Tenía doce años, excelentes notas y una conducta intachable, y era sobre todo un chico muy educado y querido en aquel colegio mixto de Valencia. “Formado en el respeto a las niñas y la igualdad, Pedro era de los que no pasan por alto un comentario supuestamente machista, una frase hecha, un lugar común –narra Arturo Pérez-Reverte, que es un espíritu ecuánime e independiente, y es además amigo de su padre–. Valoraba al otro sexo porque había sido educado para ello por sus padres y profesores. En esa materia era puntilloso, implacable como un gendarme prusiano. Sin embargo, llegó el día fatal”.

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