Opinión

Con la inflación más baja desde que asumió el león, la media sanción de Ficha Limpia y la suspensión de las PASO, y los dirigentes PRO que están cambiando de camiseta, parece que febrero se tiñe de violeta.

En los últimos días de 2024, la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) dictó un fallo que promete marcar un antes y un después en el debate sobre la autonomía judicial de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).

Lo que estamos viendo con palpable claridad en estos días es la construcción de una nueva hegemonía bajo el mandato de un líder absoluto. Santiago Caputo le propone a Milei ser el emperador de una nueva Roma de la cual él se ofrece como arquitecto de su gestación y su hermana Karina le propone ser el jefe único del partido único de la revolución, como hiciera Perón en 1946 apenas asumió su primera presidencia.

Los jueces anuncian que van a desobedecer a la Corte Suprema y el Presidente echa a una funcionaria por la opinión de su padre.

Resulta verdaderamente obsceno el afán de Cristina Fernández por ocultar sus estrictas conveniencias personales entre bambalinas, poniendo en evidencia su rasgo psicológico más repudiable: “yo no fui”.

Entre el quiebre santafesino y el de la votación en Diputados por la suspensión de las PASO, el peronismo es una fuerza que deberá transitar largas sesiones de traumatología y kinesiología.

Hay efectos que se producen con retardo. Consecuencias que no aparecen de inmediato sino que tardan en verse.

El conurbano bonaerense se está convirtiendo en lo que fue hasta hace poco Rosario, la violenta ciudad de Santa Fe sometida a los carteles de la droga.

El kirchnerismo, el radicalismo y el PRO, fragmentados, enfrentan crisis internas que solo fortalecen al mileísmo.

De cómo Javier Milei se apoya en su hermana Karina quien, a partir del cariño absoluto profesado entre ambos, busca proveerle toda la sensatez necesaria para su tan trascendente misión.

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