Opinión

Una mañana de agosto de 1986, caminaba con un mapa en la mano por las calle de Cambridge, Massachussets buscando la dirección: 1737 Cambridge St.,  Coolidge Hall.

“Busqué a los hombres que en la Corte Suprema fueran un contralor imparcial e insospechado de las demasías de los otros poderes del Estado y que, viniendo de la oposición, dieran a los conciudadanos la mayor seguridad de la amplia protección de sus derechos y la garantía de una absoluta y total independencia del Alto Tribunal… De hoy en adelante la propiedad particular, la seguridad individual, los derechos todos que la Constitución acuerda a los habitantes de la República, sin distinción alguna, colocados al abrigo de un poder moderador, estarán garantidos contra las invasiones a las que la exaltación de las pasiones políticas, tan fácilmente pueden conducir a los poderes públicos induciéndolos a ultrapasar el límite de sus atribuciones respectivas”.

Masticando bronca, resignación o miedo, y apuntando dudas razonables de mediano y largo plazo, las usinas mediáticas e intelectuales del llamado “progresismo” –colectivo de gradaciones cada vez más copiosas y difusas– se anticiparon esta semana al balance del año de gestión y dictaminaron, a grandes rasgos y casi por unanimidad, que el gobierno de Javier Milei había triunfado.

“La democracia de amañada foto cuatrienal y trapicheo constante por debajo de la mesa”.  
- Lorenzo Silva

Las pretensiones de Musk en erigirse emperador del mundo desde las nuevas tecnologías es una tontería, es más de una película de James Bond que de la realidad. Pero en esa “patriada global” contra el “comunismo”, en esa nueva revolución conservadora, lo acompañan Trump y Milei.

El "primer presidente liberal libertario de la historia" llegó al poder diciendo que aborrecía del "toma y daca". ¿Lo habrá cambiado por el "daca y toma"?

Emprende Roca, con una pequeña escolta, un viaje de exploración desde Villa Mercedes a San Rafael. En esta localidad, concibe una campaña desde Mendoza para resolver la cuestión de la frontera y acabar con los malones.

 

Hoy la esperanza figura como el sentimiento que más predomina en las encuestas entre los votantes de Milei y no solo entre ellos. Entonces, si la gente está trocando el odio hacia el pasado por la esperanza hacia el futuro, en gran medida gracias a la percepción que crece acerca de que este gobierno está haciendo las cosas bien en economía, quizá el presidente debería empatizar más con ese cambio de actitud popular, alentando más esperanza y menos odio.

Ya no existen “zonas en blanco” en un universo que se ve desbordado por imágenes y comentarios de sucesos ocurridos en tierras muchas veces ignotas, como sostiene Bauman.

Todos sabemos que los sindicatos son uno de los granos (sino el principal) que más han contribuido a hacer de la Argentina un país de facinerosos. O un país en donde las cosas se resuelven con los modos de los facinerosos, con los modos que -a través de las décadas- han impuesto los sindicatos: unas maneras caracterizadas por la prepotencia, por la fuerza, por la irracionalidad, por la imposición… En muchos casos, directamente por la violencia, muchas veces de las armas.

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