Opinión

Nuevamente sueño intranquilo. Recuperación mirando el jardín con asombro por esa cala persistente en medio de un cantero donde no ha surgido ninguna otra flor. Hoy la llamaré la resiliente, pues el clima le ha hecho de todo y ella sigue allí hermosa, erguida e imperturbable.

¿Los sucesos que involucran a Alberto –más allá de las respectivas derivas judiciales- afectan políticamente al kirchnerismo? Obviamente no lo ayuda a construir una imagen positiva o renovada. 

La señora Fabiola Yáñez decidió denunciar a su señor esposo por golpes y algunas otras galanterías por el estilo. Era hora. Cuando trascendieron vía WhatsApp las muestras de cariño que el entonces presidente de la nación le daba a la primera dama, ella se limitó a decir que no iba a denunciar a su amantísimo esposo. Presté atención al detalle. No dijo lo que diría cualquier esposa que convive con un marido que no practica box con ella: ¡Son mentiras! ¡Mi marido me ama y solo me brinda caricias! Nada de eso. Lo que dijo es que, POR AHORA, no lo iba a denunciar.

“Públicamente todos los políticos son feministas, pero los elogios no se traducen en lugares para las mujeres”, se quejaba la incansable luchadora por los derechos de la mujer, Florentina Gómez Miranda, quien en absoluta minoría de género logró en su paso por la Cámara de Diputados como diputada radical avances significativos en cuanto a derechos históricamente cercenados para la mujer a través de 150 proyectos que forjaron cambios y resultados positivos para torcer décadas de reclamos que no encontraban eco.

Entre las numerosas fobias que Alberto Fernández comparte con Nicolás Maduro, una de ellas es la mensajería WhatsApp. El déspota venezolano ha iniciado una guerra contra ese sistema, que ha sido la herramienta a través de la cual sus compatriotas han podido eludir la férrea censura informativa del régimen y coordinar los reclamos de democratización. El expresidente argentino, por su parte, ha quedado maltrecho a raíz de mensajes y fotografías coleccionados en el WhatsApp de su exsecretaria privada, María Cantero, que precipitaron al abismo su figura. 

La colaboradora de Memo escribió hace dos años "El presidente que no quiso ser. Traiciones, vicios y secretos del último presidente peronista". Asegura que no la impulsó el relato de lo escabroso sino exponer sus dudas en torno a las capacidades intelectuales y morales de Alberto Fernández para ejercer el cargo. Hoy, en conferencia de prensa, Manuel Adorni dijo que "se utilizó a la mujer para crear empleo público".

El filósofo estadounidense William james (1842/1910), fundador de la “Psicología Funcional”, sostenía que a menudo nuestra fe anticipada respecto de un resultado incierto, es lo único que lo transforma finalmente en verdadero, siempre y cuando no anime a nuestro espíritu la pretensión de dar un salto de cincuenta metros hacia adelante, lo que resulta imposible de lograr, queramos o no.

La palabra “entorno” que Macri desempolvó la semana pasada al hablar con Milei tiene en la historia política argentina una clara familiaridad con la jerigonza peronista y, además, un eco maléfico. El vocablo evoca los convulsivos años setenta. Más precisamente remite a los primeros dos presidentes consecutivos de igual apellido que tuvo el país, los presidentes Perón.

¿Qué podía faltarle a Alberto Fernandez, no? Durante años fuimos testigos de su inoperancia y de su falta de palabra; de su palabrerío  inútil y de su insoportable soberbia. Pero, más allá de que había dado muestras de ser violento, nadie sospechaba que detrás de ese personaje oscuro y segundón se escondía un golpeador… Un golpeador de su propia mujer.

Lo que termina de catapultar al ex presidente al podio de la hipocresía, un sello distintivo en su larga historia política, es la filtración de que habría maltratado hasta físicamente a su ex pareja y madre de su hijo menor, Fabiola Yañez.

Top