Opinión

Los dos fueron presidentes. Los dos decidieron volver a ser los mandamases de sus respectivos partidos. Los dos tienen problemas para disciplinar a sus tropas. Los dos tienen problemas serios en la justicia. Los dos están desgastados en la opinión pública. Y los dos tienen serios interrogantes estratégicos que resolver por culpa del fenómeno Milei. Mauricio y Cristina, de ellos se trata, quizá nunca se hubieran imaginado estar pasando por situaciones tan semejantes. Las vueltas de la vida…

Cristina Fernández de Kirchner sigue siendo culpable, según el fallo de Casación dado a conocer ayer. Y la solidez de los fundamentos de los fiscales y jueces son más sólidos y más grandes que la gran muralla china. Por eso ha sido condenada, lo que habla de que en la Argentina todavía hay República. El problema es si la República, aparte de condenar a una persona tan poderosa, resiste lo suficiente para que algún día la señora también deba cumplir su sentencia. Algo muy difícil que con Menem no pudo ocurrir y ahora parece que pasará algo similar con Cristina: son muchos, y no sólo los kirchneristas, los que no quieren que Cristina vaya presa porque la política sigue considerándose según muchos políticos (e incluso según muchos intelectuales) como un terreno de privilegio y de impunidad.

No creo que Javier Milei tenga una obsesión por el poder en el sentido clásico en que esa idea se interpreta en la Argentina, y cuya manifestación más icónica ha sido, naturalmente, la postura de los Kirchner, para quienes el poder era todo: el medio, el fin, la razón misma de su existencia.

El fallo de la Casación obliga a observar la grave distorsión que introduce la persistencia de la corrupción en la vida democrática; movilizados por emociones mucho más que por ideas, quienes veneran a un candidato pueden ver en la condena penal una señal más de su legitimidad.

Otra vez condenada. Y se va la segunda. Dicen que apelará a la Corte Suprema de Justicia. No sé qué podrá pasar allí, pero por lo que se sabe, por lo que se conoce, la situación jurídica de Guille Cantero es menos comprometida que la de Cristina y sus compinches.

La decadencia económica argentina está marcada por una historia de abandono del al consumidor y empresas buscaban privilegios del Estado para obtener ganancias sin innovación 

“Tiene una moral particular”, me dijo aquella noche Adolfo Castelo a la salida de una cena en Barrio Norte. No es importante revelar el nombre del aludido, porque –así me pareció incluso en aquel momento–, no fue más que un arbitrario y ligero juicio emitido bajo los efectos estimulantes de un magnífico malbec. 

En una muy interesante nota en Perfil de Eduardo Fidanza, denominada “Signos de un mundo desbocado”, se hacía referencia a la situación mundial pero también al contexto argentino actual.

“Mi muy querida Marlene: Te escribo éstas líneas,  en la mañana temprano, a la hora que la gente humilde,  los soldados y los marineros suelen levantarse, para enviarte unas letras, por si te sientes sola o algo así”.

Un cientista político de gran prestigio y larga experiencia explicó pulcra y objetivamente en televisión los resultados de su última encuesta nacional y unos minutos después nos confió a sus amigos por WhatsApp esta sentencia: “Si Milei fracasa estamos jodidos, y si triunfa también”. Lo primero no requiere explicación; lo segundo es menos evidente, porque alude a los planes que el León tiene para cuando el éxito económico le suelte completamente las manos y le permita rediseñar a su capricho la democracia argentina.

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