Opinión

La novedad tarde o temprano se acaba, y lo que cuentan son los resultados en la vida cotidiana.

La ex presidente condenada por corrupción, Cristina Fernández, declaró como testigo en el “atentado de los copitos” y todo fue transformado en un show de baja calidad (y poca gente) que acompañó a la declarante, cuestión que se puede entender porque ya no hay plata del Estado para movilizar a miles desde los barrios, a través de los punteros del conurbano que los extorsionaban con lo pagarle los planes si no asistían.

“Lo único que convierte a un individuo en un perfecto perdedor, es la práctica”
-Ernest Hemingway

Un reciente comercial en la Argentina muestra al “Dibu” Martínez diciendo que por cada argentino que sostiene una opinión hay otro que se opone pensando exactamente lo opuesto.

La voz de Fabiola ha terminado de dinamitar lo que quedaba del pseudoprogresismo K. Si cuando estaba peleado con Cristina Kirchner Alberto prometió acabar con el kirchnerismo, su promesa parece haberse materializado con creces en los últimos días. Tal vez deberíamos haberlo captado de un modo literal. El testimonio de Fabiola sobre la violencia de género que padeció mientras fue primera dama –violencia que su exmarido jamás desmiente en los chats que se filtraron– tuvo el efecto de una bomba neutrónica sobre la bandera feminista, que, aunque tiene más de cien años de historia en la Argentina, en los últimos años había sido apropiada por Cristina y sus seguidores.

Lo que se empieza a conocer de Alberto Fernández no se trata de la vida privada de un ciudadano, sino de la exhibición más grotesca del desprecio por su función de un presidente

En muchas sociedades occidentales, el vacío de valores está siendo llenado por espectáculos del poder, dentro de una cultura a la deriva sin eje ni control.

Las escenas de la historia siguen dando vueltas por mi cabeza. Era diciembre de 2019  y una horda de fervoroses militantes arrancaban las rejas que rodeaban la Casa Rosada al grito de que se convertirían en parrillas porque “volvió el asado para todes” y volvió el bienestar. 

Las denuncias sobre violencia de género de Fabiola Yáñez y los chats de la secretaria del expresidente amenazan con abrir una caja de Pandora que inquieta a no pocos exfuncionarios kirchneristas

“Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”. 
- Ryszard Kapuściński

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