Opinión

“Un pueblo no tiene sino un enemigo peligroso, su gobierno”
- Antoine de Saint-Just

Una cosa es cooptar partidos para armar desde el gobierno una fuerza política y otra, muy diferente, es practicar el arte de la coalición. Por un lado, se sueña con otra hegemonía; por otro, se abriría camino para una política más constructiva.

La pelea del presidente Javier Milei con la vicepresidenta Victoria Villarruel por el tema del fútbol, esta vez ha devenido algo bien profundo. Por la paradoja de que las ideas de Villarruel desde el punto de vista ideológico y cultural son mucho más parecidas a las de los amigos internacionales de Milei, como Trump, Bolsonaro o Abascal de Vox. Ultraconservadoras pero muy poco liberales. Y la vicepresidenta se ocupó de que quede bien clara la diferencia con el presidente. Vaya paradoja.

Debemos librarnos de una buena vez de esa culpa que nos ha inculcado el mal llamado progresismo y otorgar a las fuerzas de seguridad de facultades que les faciliten un obrar preventivo

Los cánticos de Enzo Fernández y de algunos de sus compañeros del Seleccionado de fútbol no debieron pasar a mayores. En épocas idas, nadie hubiese reparado en ellos y a nadie se le hubiese ocurrido sancionar a un jugador y menos transformar su travesura verbal -que eso fue- en una cuestión de Estado, o poco menos. Claro, los tiempos han cambiado y el progresismo planetario se ha hecho cada vez más exigente en eso de combatir toda forma de discriminación, por inocente que esta sea.

El gobierno de Milei es cada día menos liberal y más conservador, menos cosmopolita y más nacionalista, menos libertario y más autoritario, menos laico y más mesiánico; y se parecerá cada vez más a la derecha tradicional

Según el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella, el Gobierno volvió a bajar su imagen en julio por segundo mes consecutivo. Pero ese no es el dato más importante. Los tres ítems más relevantes son: 1) desde que arrancó la administración Milei solo en mayo pasado ascendió, el resto del tiempo fue en descenso; 2) el nuevo gobierno perdió el 17% de su capital inicial –medido en diciembre cuando recién asumió- y 3) como también sucedió con las gestiones antecedentes, de los 5 indicadores que componen el índice, el que recoge la evaluación menos favorable es “evolución general de gobierno”, es decir, el nivel de aprobación general (2.05 sobre 5). Esto significa que no está mal teniendo en cuenta el tamaño del ajuste que viene realizando, pero tampoco es la panacea universal.

Para esta misma mañana, a las seis, hora argentina, en el palacio del Elíseo, sede de la Presidencia francesa, estaba agendado el encuentro entre Emanuel Macron y Javier Milei. La cita se originó en la última reunión del G7, a la que Milei concurrió como invitado. Allí Macron sugirió al argentino asistir a la ceremonia de inauguración oficial de los Juegos Olímpicos, que ocurrirá mañana. La Casa Rosada gestionó luego, a través del embajador en París, Ian Selecki, una reunión privada de los dos presidentes que el Elíseo confirmó finalmente el martes 23.

Existe una especie de corolario perverso del autoritarismo, que propicia formas de vida obtusas mediante disposiciones cuya irracionalidad permite descubrir que gran parte de lo que propone no es mucho mejor, ni demasiado distinto, de cualquier otra alternativa.

El término «libertadura» sintetiza una construcción conceptual que amalgama ideas en principio contradictorias. Al descubrir este neologismo, me sorprendieron las derivaciones contrastables con la realidad, y que sirven para describir regímenes que bajo el manto de la libertad, imponen un control de tendencia totalitaria.

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