Opinión

Como el viejo nacionalismo, como el peronismo más derechista, Milei piensa que el destino del país es restaurar la vocación cristiana de Occidente, redimirlo de los pecados de la modernidad secular

“El campo de batalla es un escenario de caos constante. El ganador será quien controle ese caos, tanto el propio como el de los enemigos”. Hay muchos ingenieros del caos y teóricos de la fragmentación, pero conviene siempre volver a un verdadero baquiano: Napoleón Bonaparte.

“Con una Justicia independiente, confiable y rápida, todo será posible; sin ella, nada lo será”.

Existe un tercio de la sociedad que viene marcando el ritmo de este tiempo. Es una importante minoría que da señales de existencia desde hace años y que asumió el poder el 10 de diciembre pasado de la mano de quien mejor la espeja.

Se puede defender un ideal de universidad criticando a la actual, incluso duramente. Los que no se necesitan en este debate son los que no creen en la universidad pública, esos que se dediquen a otra cosa.

A Horacio Rodríguez Larreta lo insultaron, lo escupieron y no faltó quienes intentaron asestarle una patada o un puñetazo. Le dijeron "rata", "hijo de puta", "basura", adjetivos que pareciera que en los tiempos que corren han adquirido una inusitada actualidad al punto que los extremos de la derecha a los extremos de la izquierda compiten para usarlos. Por supuesto, nadie se hizo cargo de la agresión, porque una de las condiciones que se exige para participar en esos jolgorios es el anonimato; el anonimato de la multitud, de la patota, de "la canalla".

Cuando en 2019 Milei ni siquiera era diputado y mucho menos candidato a presidente, en una de sus múltiples discusiones en los programas de la tarde de la televisión (así también se hizo conocido Bolsonaro en Brasil) se trenzó con la actriz Sol Pérez, y su defensa fue un anticipo de lo que sería su estrategia de insultar sin consecuencias legales.

Con relación al mundo del siglo XXI, Mario Bunge pensaba que debían fusionarse las facultades de economía, sociología y ciencias políticas. El que esto escribe agrega derecho, pues la ignorancia de los temas institucionales que muestran algunos de los economistas que han pasado o están con responsabilidades de gobierno es harto preocupante.

Las equivocadas apreciaciones del Papa sobre el dos veces presidente de la Nación imponen una reivindicación de sus históricos logros.

En el Congreso, el gobierno ha metido pocos goles, pero los disparos más importantes que le hicieron, los ha contenido.

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