Opinión

El contexto actual, doloroso y complejo, requiere orientaciones prudentes y no facciosas, lo que desde hace muchos años es entre nosotros un producto escaso. Para unos y otros, el tiempo apremia.

Vivimos tiempos de crisis en varias dimensiones. A las crisis económicas recurrentes, que impactan socialmente con un 50% de la población bajo la línea de pobreza, se agrega un malestar creciente y sostenido de los ciudadanos para con todas las instancias y los espacios institucionales de representación.

Nunca en la Argentina un primer mandatario había recibido tantos premios internacionales en tan poco tiempo de gestión. Y no tanto por lo que ha hecho, sino por lo que se propone hacer. Otorgados, además, por instituciones de marcado signo ideológico afín con las ideas que profesa nuestro presidente. Por lo cual el principal mérito del premiado para ser premiado es el de pensar igual a los que lo premian.

Cualquiera que haya visitado un bazar -poco importa si persa, hindú o árabe- se habrá percatado, a poco de caminar por sus intrincados pasadizos, que allí se pueden hallar los más diversos objetos. Desde especias exóticas hasta alfombras típicas, pasando por joyas elaboradas con elementos autóctonos, libros raros o instrumentos musicales.

En tiempos de crisis y una fase histórica líquida, la comprensión de los fenómenos se vuelve más compleja, al mismo tiempo que más desafiante. Hace exactamente tres meses, en la columna “Carambola a tres bandas”, dijimos que con la propuesta del Lijo para la Corte Suprema se “tratarán de contentar al mismo tiempo a la corporación Comodoro Py, a Cristina, a los gobernadores peronistas y a Macri”. Pues el fallo que exculpa al primo Calcaterra de un delito de corrupción para convertirlo en un simple delito electoral va en esa línea anticipada hace tiempo, y le abre la puerta a una larga lista de exculpados. Muchachos, la próxima pidan un recibo! Era tan fácil…

Para un país tan volátil e incierto como el nuestro, resulta entre absurdo e insensato especular con el ciclo electoral del año próximo o, más aún, con el de 2027. Sin embargo, y a pesar de que no terminó de aquietarse el fragor del debate por la Ley Bases, casi toda la política ya está pensando en eso.

La pusilanimidad, el miedo, la pequeñez, los intereses y la falta de visión hisórica de algunos dirigentes políticos de la Argentina, francamente apesta.

Con dieciséis años de condena, el dirigente y ex gobernador peronista Jorge José Alperovich se suma a la saga de corruptos, criminales y abusadores sexuales que ilustraron la historia política negra de nuestro país. Alperovich pertenece al linaje de los violadores y asesinos de Soledad Morales, de los responsables por la muerte horrible de las dos mujeres asesinadas en un zoológico por órdenes de los cabecillas del peronismo santiagueño, de los depravados que ultimaron a Cecilia Strzyzowski, también asesinada en un episodio oscuro y sórdido en el que están comprometidas las redes del poder peronista chaqueño.

Cambiar implica siempre un ensanche de la brecha entre lo que creemos y lo que realmente es, entre las imágenes existentes en la realidad y lo que presumimos deberían reflejar.

Desde Dalmacio Vélez Sarfield y Leandro Alem hasta Bernardo de Irigoyen, Aristóbulo del Valle, Alfredo Palacios, Juan B. Justo o Lisandro de la Torre, unos cuantos líderes políticos que desempeñaron papeles centrales en la historia argentina fueron, al comienzo o al final de sus carreras, senadores nacionales. Abundan los casos de quienes ocuparon una banca en el Senado incluso después de haber ejercido la presidencia de la Nación: Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca, Pellegrini, Alfonsín, Menem.

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