Opinión

El Gobierno vende como festejo lo que es apenas un respiro. La intimidad del día clave para el presidente, la amenaza de Villarruel y el negocio de las embajadas. Ni los chinos ni el Fondo ponen los dólares que faltan.

Lo más importante de todo lo que pasó esta semana no es tanto la ley, sino el aprendizaje que hizo el oficialismo para arribar a la aprobación en el Senado, más allá de las cosas que tuvo que resignar, y más allá del faltante tratamiento en Diputados. De todos modos, el gobierno no debería quedarse dormido porque el diablo siempre puede meter la cola. Además, cuanto más tiempo pase, más probabilidad hay que haya un martes 13. Pero como ahora ya probó con éxito una metodología, es más difícil que ocurran contratiempos.

¿Qué vimos estos días sobre el funcionamiento del sistema político argentino? Nuestra identidad nacional tiene infinidad de valores positivos, pero la humildad no es, lamentablemente, uno de ellos

Además de ser animales solitarios que suelen atacar a sus congéneres si se entrometen en el espacio que creen suyo, los topos provocan daños costosos que molestan sumamente a los agricultores. Así y todo, hay quienes los encuentran simpáticos. Uno es “el león” Javier Milei: algunos días atrás, dijo a la periodista norteamericana Bari Weiss que odia tanto al Estado que, como un topo, lo está destruyendo “desde adentro”.

No dejan de asombrarme las recurrentes diatribas de Milei contra la política, cuando cada una de sus decisiones es inevitablemente política, pero sobre todo porque gracias a la detestable política él es presidente de la nación y los honores que se jacta de recibir en el país y en el mundo los debe a esa actividad. Milei es político porque el sistema que le otorga poder es político y porque nada de lo que hace y promete hacer podría ser posible si no fuera un político rodeado de políticos con los que acuerda, negocia y debate como prescribe la política.

La izquierda burguesa es a la vez intolerante y contradictoria. Intolerante por rechazar que exista algo fuera de ella. Contradictoria, porque sus repetidos fracasos no la inducen a reconsiderar jamás el mantenimiento de sus principios.

¿Es Milei acaso el inventor del planteo maniqueísta? Buena parte de la historia argentina puede ser entendida como una sucesión alternada de exclusiones. Un péndulo inagotable que renovó su justificación en nombre de la democracia imperfecta. Los conservadores excluyeron a los radicales. Luego los radicales se arrogaron ser el todo (“mi programa es la Constitución”, decía Yrigoyen), hasta que volvieron los conservadores e industrializaron el fraude, que antes había sido casi artesanal, y de ese modo barrieron a los radicales. Como reacción a las marginaciones surgió el peronismo. Que excluyó a todos los demás (“los contreras”, decía Evita). Y a continuación vinieron todos los demás y excluyeron al peronismo.

Mi colega Jorge Fernández  Díaz -que quienes siguen esta columnas saben que no es la primera vez que lo cito- acuñó hace tiempo una expresión que reúne en si misma la ironía, la incredulidad, la duda y el sarcasmo que a veces uno siente frente a la postura de determinadas personas.

Pasado el primer semestre del Gobierno de Javier Milei, hay dos aspectos a considerar: las reformas estructurales contenidas en la Ley Bases y el DNU 70, y la política impositiva, cambiaria y monetaria

El sistema que ha defraudado a los argentinos durante décadas se resiste a abandonar el poder.

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