Opinión

El Estado -que tanta tirria le causa a Javier Milei- no es entre nosotros un animal voraz, dispuesto a comerse a la primera de cambios a quienes ocupan ministerios, secretarías, entes autónomos y organismos públicos de todo tipo, tamaño y color. Es, más bien -como lo definió alguien, de manera magistral- una máquina de impedir. De una dimensión elefantiásica, con costos alocados, una cantidad de empleados desproporcionada, una productividad bajísima y tamaña ineficiencia puesta de manifiesto como prestador de servicios básicos, sería un milagro que funcionase cual corresponde y cumpliese con su cometido en tiempo y forma.

Los críticos de Javier Milei parecen desconocer el cuadro de la evolución determinado por el astrofísico franco canadiense Hubert Reeves, quien describe el ajuste de las distintas etapas de un itinerario, en donde cada una de ellas va preparando a la otra de manera inteligente, poniendo en vigencia el principio de la continuidad.

El gobierno de Milei va a tener siempre 3 grandes desafíos / amenazas. Primero, el gerenciamiento político, con todo lo que implica manejar un sinfín de hilos de acuerdos y compromisos. Segundo, el gerenciamiento del Estado, dado que llega con poca gente propia, y muchos de los que están no tienen experiencia. Y tercero, la hoja de ruta económica.

El primer gobierno desde 1983 que no ha conseguido aprobar ninguna ley en sus primeros seis meses. Y un Congreso que ha trabajado como pocas veces. Hay algo que falta en el medio: destreza, experiencia y paciencia democrática.

La definición de Cristina Kirchner que mostró sus diferencias con Alberto Fernández tal vez sea su mayor aporte para comprender la decadencia de la política argentina, de la que es en gran parte responsable

La ideología de cada presidente debe servir para fortalecer los intereses nacionales, no para reemplazarlos.

La Argentina exhibe problemas irresueltos desde su confección nacional. Enumeremos solo algunos: un déficit fiscal crónico desde hace por lo menos 7 décadas, anomia recaudatoria y el consiguiente proceso inflacionario comenzado en la segunda posguerra.

El Presidente se mostró hiperactivo. Apareció sorpresivamente ante los periodistas acreditados y mostró un viraje en su gestión. De lo único que no quiso hablar es de su exjefe de Gabinete. "Posse ya es historia", dijo.

La máquina libertaria de vapulear personas y defender lo indefendible se enfocó durante estos meses en cualquier persona que señalara los déficits gemelos del Gobierno: la gestión y la política. Ya saben: colectivistas, golpistas, cucarachas, ensobrados, viejos meados o simplemente necios: no la ven.

“Estas asambleas no parecen haber sido creadas con otro fin que el de proporcionarles a los     
políticos una tribuna y el de asegurarles a los senadores el pago de ventajosos emolumentos”.
  
- Emil Ludwig

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