Opinión


San Martín demostró condiciones políticas extraordinarias. Su protagonismo para el proceso que llevó a la declaración de la independencia en Tucumán es indudable y los acuerdos que promueve con Belgrano, Pueyrredón y Güemes, fueron básicos para emprender el cruce de los Andes.

Comencemos con los perdedores porque el ganador resulta fácil de distinguir y es uno solo. El principal damnificado de los dos escándalos que sacuden con desigual intensidad y cobertura periodística al país de los argentinos -el referido a los seguros y el de la violencia sexual de la cual fue víctima Fabiola Yáñez- es, sin duda, Alberto Fernández. Convertido, más allá de cuanto dicte la Justicia en uno y otro caso, en el único muerto social y político que se recuerde en décadas en nuestro país, sus próximos años habrán de transcurrir en la cárcel o en el ostracismo. Hay acciones de las que no se vuelve.

La novedad tarde o temprano se acaba, y lo que cuentan son los resultados en la vida cotidiana.

La ex presidente condenada por corrupción, Cristina Fernández, declaró como testigo en el “atentado de los copitos” y todo fue transformado en un show de baja calidad (y poca gente) que acompañó a la declarante, cuestión que se puede entender porque ya no hay plata del Estado para movilizar a miles desde los barrios, a través de los punteros del conurbano que los extorsionaban con lo pagarle los planes si no asistían.

“Lo único que convierte a un individuo en un perfecto perdedor, es la práctica”
-Ernest Hemingway

Un reciente comercial en la Argentina muestra al “Dibu” Martínez diciendo que por cada argentino que sostiene una opinión hay otro que se opone pensando exactamente lo opuesto.

La voz de Fabiola ha terminado de dinamitar lo que quedaba del pseudoprogresismo K. Si cuando estaba peleado con Cristina Kirchner Alberto prometió acabar con el kirchnerismo, su promesa parece haberse materializado con creces en los últimos días. Tal vez deberíamos haberlo captado de un modo literal. El testimonio de Fabiola sobre la violencia de género que padeció mientras fue primera dama –violencia que su exmarido jamás desmiente en los chats que se filtraron– tuvo el efecto de una bomba neutrónica sobre la bandera feminista, que, aunque tiene más de cien años de historia en la Argentina, en los últimos años había sido apropiada por Cristina y sus seguidores.

Lo que se empieza a conocer de Alberto Fernández no se trata de la vida privada de un ciudadano, sino de la exhibición más grotesca del desprecio por su función de un presidente

En muchas sociedades occidentales, el vacío de valores está siendo llenado por espectáculos del poder, dentro de una cultura a la deriva sin eje ni control.

Las escenas de la historia siguen dando vueltas por mi cabeza. Era diciembre de 2019  y una horda de fervoroses militantes arrancaban las rejas que rodeaban la Casa Rosada al grito de que se convertirían en parrillas porque “volvió el asado para todes” y volvió el bienestar. 

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