Opinión

Alberto Fernández y, especialmente, Cristina Kirchner interfieren con la nueva gestión, sin ninguna autocrítica de lo que hicieron ellos antes

Hay una encuesta de reciente factura, debida a CB Consultora, que hace referencia a la imagen de Javier Milei en los veinticuatro principales municipios del Gran Buenos Aires. Lo menos que puede decirse de la misma es que resulta muy sintomática y merece ser analizada con atención por un motivo en particular. Si bien en el balance general los números que arroja son adversos al presidente -el diferencial le es favorable apenas en dos distritos: el de San Isidro y el de Vicente López- lo que llama poderosamente la atención es que, comparado con el anterior sondeo, en quince de los partidos que incluye la muestra la opinión favorable respecto de la persona del presidente -y por lógica consecuencia, de su gobierno- ha crecido.

Feliz porque el índice de inflación volvió a caer, el gobierno libertario admite un tanto en contra: la Ley de Bases no habrá superado plenamente la prueba del Congreso para la fecha que preveía.

En 1981, apenas meses antes del desembarco argentino en las Islas Malvinas, fue Thatcher quien nos propuso oficialmente un retroarriendo semejante al del territorio asiático, que no fracasó sino por culpa del boicot laborista y la soberbia del entonces gobierno argentino

Como Sarita Montiel actuando en un destartalado cabaret de Barcelona en la recordada película del mismo nombre, Cristina Fernández cedió a la presión de un minúsculo grupo de leales que la animaron a reingresar al primer plano de la política “por la puerta grande”.

La calidad de la democracia puede ponderarse en la medida que en un país se asegure la vigencia del estado de derecho, el respeto por la división de poderes, la propiedad privada y las libertades individuales de sus ciudadanos.

La Asamblea General de la ONU votó a favor de que Palestina ingrese como miembro pleno. La resolución representa un inoportuno respaldo a Hamas, ante el pedido de Israel por la liberación de los rehenes. 

Despertó perplejidad y una cierta indignación que una artista argentina del mundo del teatro –una flamante ganadora del prestigioso premio Ibsen– confesara abiertamente su desprecio por Luis Brandoni calificándolo como lo que en verdad él nunca fue –“un macrista”–, y también su consecuente y declarada negativa a darle al gran actor un eventual trabajo aduciendo “enemistad ideológica” (sic): Brandoni le parece apenas apto para encarnar un “facho”.

“Cuando salgas de esa tormenta no serás la misma persona que entró en ella; de eso se trata la tormenta”.   
- Haruki Murakami

El Presidente se enfrenta a un fuerte desafío del peronismo, en una batalla que será determinante para definir con qué herramientas enfrentará la grave situación argentina

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