Opinión

Las naciones, árabes y no árabes, como Rusia y China, deben presionar a Hamas y a Irán para que hagan lo que corresponde

El sistema institucional argentino, plasmado en nuestra Constitución Nacional, conlleva un régimen electoral de dos instancias reservado al Poder Ejecutivo Nacional, que en este contexto histórico nos exige un esfuerzo para cambiar el rumbo de nuestra nación.

Si estuviéramos frente a un fraude ostensible y sistemático sería racional que no convalidáramos la estafa con nuestro voto decorativo, pero no lo hay. ¿Cómo se ha de construir la representación si los que deben ser representados abandonan la vida pública? Votar en blanco es ceder la decisión a los otros, es desentenderse del país con tal de dejar tranquila la propia conciencia. Una cobardía simbólica: “Yo, argentino”.

El oficialismo sabe que el proceso está destinado al fracaso, porque no va a conseguir las mayorías calificadas que se requieren en ambas cámaras del Congreso. Pero montó un espectáculo penoso mediante el que pretende presionar a la Corte Suprema

En un momento tan decisivo, se trata de aportar a un gobierno de coalición que pueda concretar el cambio necesario.

Una vieja y recurrente pesadilla humana, máxima alegoría de la soledad existencial, consiste en despertar un día y descubrir que la ciudad está completamente vacía y después que el planeta entero –producto de alguna plaga o extraño cataclismo– ha quedado desierto, y que uno es el último hombre o acaso la última mujer sobre la Tierra. Se han escrito obras maestras de la literatura popular alrededor de esa fantasía íntima y aterradora.

Según el diccionario de la RAE, espiar significa acechar, observar disimuladamente a alguien o algo. En Argentina se conjugan el verbo ilegalmente. Hay espías en todas partes que espían políticos, empresarios, periodistas, jueces, religiosos, sindicalistas.

“Con todo lo que se sabe, muchos volverán a ser votados y habrá que admitir que somos un país de mierda”.     
- José Sacristán

Dudar es legítimo, pero no es justo que el destino, los dioses o nuestra singular condición de argentinos nos hayan condenado en estas elecciones a arrastrarnos en los fangos de la duda, hasta el momento mismo de ingresar a la penumbra del cuarto oscuro y emitir el voto. Además, nunca me ha pasado contar con amigos que con idéntica resignación declaran votar por Sergio Massa, por Javier Milei o en blanco. Nadie lo hace con pasión o entusiasmo.

Se cumplen 50 años del Tratado del Río de la Plata, firmado entre el fallecido presidente argentino y su par Juan María Bordaberry

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