Opinión

Desde hace dos meses, los merenderos han vuelto a colmarse. Para participar de las raciones es necesario realizar algún aporte en dinero o en especie.

Desde la primera vez que vine a la Argentina, la ciudad de Buenos Aires me pareció la más literaria de América Latina. Aquí las librerías están repletas de gente y de libros.

El país asiste a los devaneos de un gobierno que navega por el barro de su interna brutal e imparable.

En la soleada mañana del domingo último, alguien dejó rodar sobre las mesas de La Biela una extraña palabra: “Milei”. Mario Vargas Llosa, que había caído de sorpresa en esa clásica tertulia porteña, miró entonces fijamente a Juan José Sebreli, a quien conoció en París hace décadas, y esperó su veredicto. El viejo maestro le respondió rápidamente: “Un fenómeno juvenil”.

¡Felicitaciones! ¡Enhorabuena! Veintinueve meses tarde y a 13.000 km de distancia, Alberto Ángel Fernández asumió la presidencia.  El pueblo argentino entre asombros y desconfianzas asiste desconcertado a este inverosímil síntoma de auto precepción por parte del votado Presidente.

“Si haces que los adversarios no sepan el lugar y     
la fecha de la batalla, siempre puedes vencer”.
 
- Sun Tsu
 

El móvil policial custodiaba la cuadra, ahí cerca de la Rotonda del Avión, en Guaymallén. Miguel no podía ir a su trabajo en el local de la avenida España, en el centro de Mendoza, que estaba cerrado. Su sobrina de 12 años estaba internada en el Hospital Infantil Notti. No podía visitarla. No podía asistir a su hermana.

Nunca quedaron en claro los motivos de la reciente gira internacional del presidente Alberto Fernández. Oficialmente se dijo que el objetivo era entusiasmar a los jefes de Estado de Europa para comprar gas argentino o, mejor dicho, el hipotético gas argentino, aprovechando las complicaciones con Rusia, el tradicional abastecedor.

Los Fernández -Cristina y Alberto, claro- conforman la versión política de los Pimpinela. Sólo que estos últimos eran cantantes que deleitaban a su público con peleas de ficción. Aquéllos, en cambio, son dos irresponsables que tienen en sus manos el timón del gobierno nacional. Los hermanos simulaban sus diferencias y, en definitiva, todo no pasaba de ser una actuación.

Tarde pero seguro: la gran novedad de la última semana es que Alberto Fernández finalmente responde a los ataques con los que hace más de dos años el kirchnerismo duro lo viene acosando. Se acabó su postura pasiva, la paciencia estratégica con la que hasta “la clase magistral” de Cristina en el Chaco trataba de digerir un menú de agresiones que fue no solo in crescendo, sino que terminó impactando en su reputación y en la de su administración.

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