Opinión

¿Es importante para la sociedad o, en este caso, para un periodista, darle entidad a lo que diga un personaje completamente marginal como Juan Grabois?

Desesperada y en campaña. Así está hoy Cristina, esa madre devoradora que acaba de deglutirse compulsivamente a un ministro clave sin un plan B para reemplazarlo. Batakis es, apenas, una pieza de emergencia que “la jefa” no vetó. O no vetó aún.

La primera semana de Silvina Batakis al frente del Palacio de Hacienda desconcertó tanto a analistas precipitados como a muchos de los actores políticos. Aunque aún no adoptó medidas decisivas, la flamante ministra expuso conceptos que pocos esperaban: se reconoció partidaria de un sano equilibrio fiscal, prometió no gastar por encima de los ingresos; tomó distancia de la idea de un Estado empeñado en ahorrar, pero subrayó la necesidad de garantizar la solvencia estatal; anunció el control desde su cartera del gasto de todo el sector público (no reducido en exclusividad a la administración central, sino incorporando también a organismos descentralizados y funcionalmente autónomos) así como el congelamiento de personal en todo ese universo.

“He conocido a lo largo de mi vida muchos individuos débiles y locos (as); una gran cantidad de ambos tipos; y estoy convencido que al final todos obtienen su paga; pero los locos primero”
- Robert Louis Stevenson

La UIF se presentó a los alegatos del caso vialidad que tiene como imputada a la vicepresidente de la nación en carácter de jefa de una banda criminal dedicada a la comisión de delitos de defraudación pública, para pedir su absolución.

Más allá de la escenificación montada por la ministra Batakis para llevar tranquilidad a los mercados, sus anuncios contradicen el empeño del Gobierno por aumentar la planta de trabajadores del Estado

Desmantelar una estructura corrupta e implantar un capitalismo transparente solo requiere audacia, imaginación y cierta experiencia; es indispensable hacerlo dentro del sistema, sin caer en gritonas utopías disolventes

No se puede tener un estado de bienestar de país escandinavo con un sistema productivo de socialismo real y un sistema sindical de corporativismo fascista

Quienes ejercemos el hábito, la costumbre o el vicio de seguir diariamente los acontecimientos políticos, nos resulta imposible impedir que el presente nos inspire imágenes del pasado que seguramente deben elaborarse para adquirir validez, pero no por ello dejan de ser sugestivas.

Es poco probable que le permitan aplicar cierta racionalidad macroeconómica.

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