Opinión

La historia política de Gustavo Béliz tiene ribetes novelescos. De joven, fue periodista profesional; luego, ya inmerso en el menemismo, ejerció como ministro del Interior y paladín de la lucha contra la corrupción, al punto que, dentro de su propio gobierno, sufrió el bullying de sus colegas que lo apodaban “zapatitos blancos”. Al renunciar, el experiodista les devolvería la gentileza con una sola frase: “Estoy sentado sobre un nido de víboras”.

Muchos individuos hablan convencidos que conocen todo lo que concierne al análisis “académico” de las ciencias sociales, utilizando una retórica viciosa con silogismos ridículos del tipo: “ningún animal es insensible; los peces son animales, luego no son sensibles”, o “todo metal es mineral, el oro es metal, luego es mineral” (Balmes).

El gobierno parece haber ingresado en un terreno de misticismo respeto de su visión de la inflación. Ya huérfano de toda excusa que lo exculpe como el único responsable de lo que ocurre con los precios, ha echado mano del diablo para intentar explicarlo.

El Gobierno fracasó y su futuro será la consecuencia lógica del actual desastre. El Presidente anda a los tumbos y su vice trata de hacer control de daños, alejándose de su malograda criatura.

Sin el triunfo, ya no hay incentivo para sostener la mentira y Alberto Fernández vuelve a figurarse ante los kirchneristas como aquel que traicionó a Cristina

Las noches son siempre un momento propicio para descifrar lo que ocurre en el Conurbano profundo. Hay barrios en los que se percibe un silencio sepulcral. Los transeúntes apuran el tranco ante la circulación solitaria de un auto o de una motocicleta.

El más claro ejemplo de hasta dónde nos hemos degradado es la naturalización que hicimos de que PAMI, ANSES, Inta, Aerolíneas y tantos otros organismos y empresas del estado son cajas.

No extraña que Alberto Fernández hable de diablos. Los pactos en el poder a veces se parecen mucho a los pactos con satanás. Él sabrá con quien pactó

1.- Tapados con diarios
En 2015, cuando era El Galán Maduro, Mauricio Macri ya admiraba a Carlos Menem, El Emir.

Lo siento por ellos, pero Macri no es Videla como Cristina no es Isabel. Tampoco hay posibilidades de un retorno militar. La conciencia democrática abierta en 1983 y el fin de la Guerra Fría alejan cualquier posibilidad.

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