Opinión

 

El poder se ha hecho vidrioso, inasible. Si la Argentina fuera un país parlamentarista, buena parte ya estaría en manos opositoras, pero, por desgracia, sigue siendo presidencialista. 

 

La doctora K creó a Amado vicepresidente, Aníbal gobernador, Alberto presidente y ahora acaba de votar en contra del mismo gobierno que inventó.

 

Pertenece a un mundo inolvidable y crepuscular de la política, y sin embargo no se ha recluido en su biblioteca –es un lector omnívoro– ni en su confortable mitología personal; al contrario, se preocupa día y noche por hablar cara a cara con los protagonistas del momento a ambos lados del océano y, sobre todo, a estudiar en detalle los candentes vaivenes de América Latina.

 

Los sucesivos gobiernos kirchneristas han estado y siguen enamorados del populismo chavista. Los resultados se sienten, pero en el tema inflacionario, Venezuela está mejor que acá. Basta comparar el índice de inflación de febrero 2022, en Venezuela 2,9% y en la Argentina 4,7%.

 

“Habían dejado de practicar los ritos de la mentira  
que, con frecuencia, son asimismo los de la amistad”.
 
- Jean Lartéguy

 

Tras la sumisión a su vice, Fernández pareció anoche extender ese sometimiento al FMI y a su plan de redistribución de miseria y destrucción de la clase media. ¿La oposición también será sumisa?

 

Es raro. Típicamente argentino o tal vez típicamente peronista. Un acuerdo con el FMI propuesto por un gobierno de ese signo que resulta aprobado por la oposición. O, para ser más preciso, son los votos de la oposición los que deciden. A partir de allí todas las interpretaciones, incluso las más conspirativas y escabrosas, son posibles.

 

Supongamos sólo por un momento que, de buenas a primeras, el Fondo Monetario Internacional se convirtiese en una sociedad de beneficencia y decidiese conmutar la deuda que la Argentina arrastra con ese organismo de crédito. Seguramente la euforia ganaría a buena parte de la población creyendo que, desaparecida esa espada de Damocles -que ya no pendería sobre nuestras cabezas- al país se le abriría un futuro promisorio.

 

Hoy empieza, supuestamente, la “guerra contra la inflación”. ¿Se anunciarán medidas enmarcadas en un programa de estabilización bien diseñado y pronto a ser implementado con experiencia y credibilidad? ¿O, como es habitual en el ecosistema K del que el peronismo aún no se desacopla, pretenderán utilizar viejos instrumentos que jamás funcionaron (controles de precios, ley de abastecimiento), presentados con una retórica encendida y anacrónica?

 

El problema del Gobierno para enfrentar la inflación no solo es de corte ideológico: también se caracteriza por sufrir una falta de comprensión de la realidad pocas veces vista

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