Opinión

 

Algunos opositores entienden que ganar elecciones es una cosa y gobernar con solvencia, un país tan complicado como este, es otra que suele requerir talentos muy diferentes.

 

“Los lugares más oscuros del infierno están reservados para 
aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral”.
 
- Dante Alighieri

 

Años con el país al borde de la cornisa han convertido en adictivo un juego del sistema político del país: el intercambio de culpas y responsabilidades de sus protagonistas. Un juego habitual en el resto del mundo como parte de las pujas por el poder, en la Argentina parece ser lo único que importa.

 

El presidente de Ucrania apareció en la pantalla del Parlamento Europeo y el recinto se transformó en una explosión de aplausos. Incluso no sería raro que Ucrania se transforme en un miembro pleno de la Unión Europea en un trámite express basado en la clara señal de oposición a la dictadura y a la servidumbre que quiere dar Europa en este momento.

 

Podría haber tenido un tono distinto, más conciliador, y menos confrontativo. Menos extenso y tedioso y más específico. Menos pretensioso y más humilde. Podría haber evitado las excesivas expresiones de deseos y ser más autocrítico respecto del desmanejo de la pandemia que causó 130.000 muertos. Pero era pedirle peras al olmo. Alberto Fernández es así: prosopopéyico, inculto, maestro de Siruela y desvergonzado.

 

El discurso de Fernández superó el límite de lo preocupante: expresó una visión edulcorada y se jactó de las reformas que no pensaba hacer; el mundo cambió para peor, y no modificar el curso de acción puede ser grave

 

Es evidente que el Presidente no pretende modificar nada (menos aún quiere bajar el estrepitoso nivel de gasto público) y que el camino que decidirá recorrer será aquel que lo tope con un nuevo enemigo, tal vez el único que quede: el vapuleado sector privado

 

El Congreso se dispone, finalmente, a debatir el acuerdo que el Gobierno argentino alcanzó hasta aquí con el staff técnico del Fondo Monetario Internacional. Este jueves, la Casa Rosada hizo llegar al Palacio Legislativo la Carta de Intención y documentos anexos, de modo de posibilitar que su tratamiento comience el próximo lunes.

 

La posición más tentadora, la que más seduce a un peronista de pelo en pecho, es la neutralidad. La neutralidad entre verdugos y víctimas. Neutralidad o tercera posición. En los años cuarenta daba lo mismo estar con Hitler que con Churchill. 

 

“La esperanza no consiste en la convicción de que algo saldrá bien necesariamente, sino en la certeza de que sea sensato, de cualquier modo, que resulten las cosas finalmente”
- Václav Havel, ex Presidente de la República Checa

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