Opinión

Frente a los cachetazos del cristinismo, el presidente Alberto Fernández ha optado por poner la otra mejilla, mientras las críticas cruzadas se extienden hasta el propio gabinete ministerial

De acuerdo al diccionario, desprecio es, no valorar o no tener en cuenta a alguien o a algo. Viene del latín, “des” que indica negación y “pretium”, precio. Hay momentos en la historia en que campea el tiempo del desprecio. La Argentina está viviendo uno de esos insoportables tiempos.

“No es lo mismo ser profundo que haberse venido abajo”.  
- María Elena Walsh

El gobierno de berrinches de la dueña del Senado, además de ser actuado y aburrido, es otro acto de hipocresía que lastima a la república.

De manera discreta, y a veces no tan discreta, los gobernadores peronistas están gestionando el desdoblamiento de las elecciones de 2023. De "manera discreta" quiere decir que esto ocurre cuando los gobernadores suponen o están persuadidos que su gobierno nacional en términos electorales les hace perder votos.

Osvaldo Jaldo, Gustavo Bordet, Oscar Herrera Aguad, Omar Gutiérrez, Raúl Jalil, Sergio Ziliotto, Sergio Uñac, Mariano Arcioni, Omar Perotti, Gustavo Melella, Ricardo Quintela, Jorge Capitanich y Guido Insfrán. Si hiciéramos una encuesta en la calle, por fuera de los interesados en los asuntos políticos, para determinar si los arriba mencionados son jugadores de fútbol de un club de la primera división, miembros de una sociedad filantrópica o diputados de algún partido, fuera de cualquier duda la mayoría de las respuestas sería incorrecta.

A medida que se profundiza la crisis política y empeora el humor social, tiende a reducirse en todo el país la tolerancia de buena parte de la población frente a los constantes percances producidos por los movimientos sociales más radicalizados que, con sus habituales acampes y cortes de rutas, calles o puentes en zonas estratégicas para la movilidad, se convirtieron en un dolor de cabeza adicional a los múltiples factores que vienen deteriorando el nivel y la calidad de vida en la Argentina desde hace ya demasiado tiempo.

El año pasado, cuando mi hijo, un joven estudioso de cosas rusas, me mostró un breve ensayo sobre Alexandr Dugin, me morí de risa: ¡otro peronista! ¡Ruso esta vez! Pobre hijo, le tomé el pelo, te fuiste a las antípodas para “matar al padre” y caíste en el mismo embudo. Es así: todas las historias son locales, todos los fenómenos son universales.

Ayer el ministro de desarrollo social Juan Zabaleta anunció un aumento del 50% de la llamada “tarjeta alimentar” llevando el beneficio a $9000.

La decadencia argentina ha alcanzado magnitudes espantosas. Pero la regeneración es un imposible: es creer que se puede revertir todo de un golpe. El libertario hace punta en leer el estado de ánimo antipartido.

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