Opinión

Estamos tristes, mirando sin ver, caminando con la cabeza gacha por las calles de todo el país.

Tallar entre La Doctora, socia mayoritaria, el hijo Máximo, la Agencia y el CEO Alberto 

El plan inicial de los militares era tomar puerto argentino y después volver, para evitar una confrontación. Galtieri, envalentonado por las masas en plaza de mayo, cambió de opinión.

No pudimos recuperar las islas Malvinas, pero como consecuencia de ese fracaso recuperamos la democracia.

Nuestra obsesión por 1982 nos cierra el paso para pensar mejor sobre Malvinas. El mundo cambió, pero seguimos diciendo y sintiendo las mismas cosas que hace 40 años.

Para Carl von Clausewitz, uno de los principales teóricos de la ciencia militar, toda guerra era una empresa política de alto vuelo, en la que todos los recursos de una nación debían ser puestos a disposición de ella. La guerra constituía para este militar prusiano una continuación de las relaciones políticas por otros medios.

A la Argentina de los Fernández, más allá de “la pandemia y de la guerra” (Alberto dixit), no le faltaba nada. Es más, le sobra pobreza, inflación, inestabilidad institucional, furiosas internas, intentos de controlar la libertad de expresión y como si esto fuera poco, aparece Wallmapu.

“En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”.
- George Orwell

Varios de los problemas que acucian a las sociedades se crean por su actitud hipócrita de no pensar en los costos de todo tipo que pagarán si se les concede lo que reclaman con urgencia y vehemencia, o violencia. 

Malvinas son parte de nuestro pasado, pero sobre todas las cosas son una brújula poderosa que nos marca el rumbo de nuestro futuro

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