Opinión

Al gobierno solo parece interesarle sobornarnos para que terminemos confundidos y resignados ante lo inevitable.

Antes que el reclamo oficial para que Argentina sea incorporada en los Brics, el Gobierno debería priorizar la lucha contra la inflación y la pobreza estimulando los mecanismos para crear trabajo y atraer inversiones, dejando de lado consideraciones geopolíticas que, momentáneamente, nos exceden

De un gobierno que después de perder las elecciones hace un acto para festejar la derrota no puede asombrar que a un atentado fallido perpetrado por un individuo contra la vicepresidenta le conteste con un feriado nacional.

No es por “amor” que el peronismo aprovechó para exprimir del crimen hasta la última gota; fue para sacar ventaja política, deslegitimar a la oposición, atacar al Poder Judicial, rehacer su maquillaje

El repudiable atentado contra la Vicepresidente de la Nación ha despertado un encendido debate en el oficialismo en torno a la necesidad de dictar una ley que regule los “discursos del odio”, a los que el Gobierno relaciona con algunos medios de comunicación y la oposición política.

El increscendo que empezó con la causa contra Cristina Kirchner y derivó en los últimos hechos de violencia.

Después de lo ocurrido, sobrevino lo que ya todos sabemos y esperábamos: el uso político.

Cuando en una bochornosa tarde de febrero de 1991 un “lobo solitario” con las facultades mentales alteradas surgió del público anónimo y arrobado, alzó un revólver 32 y apuntó directo a la cabeza de Raúl Alfonsín nadie podía saber que el destino urdía una gran lección ética e histórica.

La Argentina es un caos. Y la vicepresidente Cristina Kirchner fogonea el caos con discursos violentos mientras se victimiza. Gran actriz, es capaz de montar un show que intranquilice al país. Experta en cortinas de humo, intenta tapar con esas cortinas lo que realmente sucede.

“Cuando un payaso se muda a un palacio, no se    
convierte en rey; el palacio se convierte en circo”.
 
- Proverbio turco

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