Opinión

No se puede tener un estado de bienestar de país escandinavo con un sistema productivo de socialismo real y un sistema sindical de corporativismo fascista

Quienes ejercemos el hábito, la costumbre o el vicio de seguir diariamente los acontecimientos políticos, nos resulta imposible impedir que el presente nos inspire imágenes del pasado que seguramente deben elaborarse para adquirir validez, pero no por ello dejan de ser sugestivas.

Es poco probable que le permitan aplicar cierta racionalidad macroeconómica.

El baqueano –-apuntaba Sarmiento– era el personaje más eminente de la llanura, puesto que solía tener en sus manos la suerte de particulares, ejércitos y provincias. Un veterano topógrafo con instinto de detective rural y algunos poderes sobrenaturales para leer las huellas, para sacar conclusiones con el perfume de las tierras y el sabor de las raíces, y para descifrar con una mirada experta las plantas y los horizontes.

La Argentina está al borde del abismo y pareciera que el gobierno está dispuesto a dar un paso adelante. La pelea entre Fernández y la vice es notoria e insalvable. Dicen que en la comida del 4/7 se amenazaron mutuamente con carpetazos. Las mafias al poder.

“Es necesario tener miedo para tener esperanza”.
- Jorge Dezcallar

Todo fue un grotesco. La manera como Martin Guzmán -no sin predeterminación- decidió el día y la hora de su renuncia. El off side en el que quedó parado el presidente, que se enteró de la noticia mientras almorzaba en la casa de campo de un renombrado evasor impositivo.

Agudos comunicadores y analistas sospechan que Cristina Kirchner buscaría asfixiar políticamente a Alberto Fernández y obligarlo a dimitir; Fernando Navarro negó esa posibilidad y alimentó así más rumores

Se dice, se murmura, se teme que Cristina se lo lleve puesto al presidente. No comparto estas prevenciones. Si algún temor me domina no es que Cristina se lo lleve puesto al presidente, sino que se la lleve puesta a la Argentina. A no equivocarse: la posible víctima de lo que nos está pasando no son Alberto, Massa o Cristina; la posible víctima, es el pueblo argentino. Nosotros somos los que vamos a pagar los platos rotos de las refriegas internas del peronismo. Así fue en 1975 y me temo que así puede ser en 2022.

La renuncia de Martín Guzmán al Ministerio de Economía, disparada el sábado 2 de julio por la tarde a la hora exacta en que Cristina Kirchner desgranaba en Ensenada un nuevo discurso destinado a perfeccionar la corrosión del gobierno de Alberto Fernández, fue una nueva señal apremiante del colapso que sobrelleva no solo la gestión del Presidente, sino el conjunto del sistema de poder que rige desde 2019. El título de esta columna una semana atrás fue: "El cambio como producto de una crisis que eclosiona".

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