Opinión

La magnitud de la crisis que enfrenta la coalición gobernante llegó a tal extremo que el costo del statu quo es muy superior al de un nuevo giro pragmático, cuya dimensión y alcances precisos aún se desconocen

En el contexto actual de re empadronamiento tarifario para la población en general, y en función de lograr una distribución equitativa en términos tarifarios y de subsidios al consumo, creemos necesario que se contemple una tarifa diferenciada para los municipios. En caso contrario, serán los vecinos, quienes se verán afectados doblemente: tanto por sus servicios domiciliarios como por los incrementos del alumbrado que brindan sus ciudades.

Si existe una palabra bastardeada en el lenguaje político argentino, ésta es: DIÁLOGO. Devaluación que puede reconocerse en su uso reiterado por parte de muchos protagonistas de la vida pública, como un subterfugio para lograr que el tiempo transcurra sin que nadie se ponga de acuerdo con su eventual interlocutor EN NADA.

El presidente del BID, Claver Carone, escribió para The Wall Street Journal el real ambiente con que Silvina Batakis fue recibida en Washington: “antes de venir a pedir ayuda, la Argentina debe ayudarse a sí misma”.

La inacción ante la crisis económica eleva la inquietud y la alternativa de que Sergio Massa aterrice en la Jefatura de Gabinete vuelve a sobrevolar la Casa Rosada

Los inflamados celebradores anuales de la lealtad han traicionado muchas cosas a lo largo de estos 77 años, pero lo más espectacular que han hecho es traicionarse a sí mismos.

La Argentina es un país difícil. Y los tiempos actuales son extremadamente difíciles en lo social y en lo económico. Todo está mal. Bastaría una chispa mínima para provocar un fenomenal incendio. Es en este preciso momento que Juan Grabois enciende una tea.

“En la lucha sólo es vencido quien desiste de luchar”.  
- Mario Soares

La crisis económica es evidente. Está en los números, se respira en la calle, se siente en los bolsillos y se sufre en el cuerpo. Podemos debatir los grados de intensidad de la crisis y sus posibles desenlaces, pero lo que parece estar fuera de discusión es su existencia. También es evidente la pérdida de autoridad del gobierno.

Algunos opinan que las comparaciones son odiosas, y es posible que, en ciertos casos, ello sea verdad. Pero no siempre es así, sobre todo si el ejercicio no abriga el propósito de fulminar condenas y levantar patíbulos. Cualquier interesado en saber si existe un común denominador en las crisis dramáticas que hemos sufrido -desde el Rodrigazo a la fecha- no debería esforzarse demasiado.

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