Opinión

En 2020 el dólar blue pasó de costar $80 a principios de año a $ 190 hacia diciembre. Y nadie viajó. Cómo hará el presidente Fernández para conciliar ese dato de la realidad con su afirmación de que el dólar en la calle aumenta por los que se van de viaje, es todo un misterio.

De Heráclito a Hitler, de Platón a Marx, de Esparta a La Habana, el profetismo siempre incubó el totalitarismo; la historia, en el mejor de los casos, es el doloroso viaje de la humanidad entre errores y correcciones

“El improvisador no es un mero ilusionista del artificio; es un virtuoso, menos instrumental que intelectual, del peligro –describe el ensayista Pablo Gianera–. Y es también un aventurero, cercano al adúltero (ávido de aventuras amorosas) y al jugador. Perdido en el presente, trata de desentenderse del pasado y de ordenar el futuro apenas entrevisto. Su meta es que lo accidental se vuelva necesario”. 

De acuerdo con el diccionario, desolación significa “sensación de hundimiento o vacío provocado por una angustia, dolor o tristeza”. Hasta la Biblia habla de desolación refiriéndose al hombre afligido porque cree que ha sido abandonado por Dios.

“Los príncipes deben ejecutar a través de otros las medidas que puedan acarrearles odio, y ejecutar por sí mismos aquellas que les reportan el favor de los súbditos”.
- Niccolò di Bernardo dei Machiavelli

CFK necesita a Alberto al mando, pero cumpliendo sus deseos, y así venimos en conflicto hace 31 meses.

Excepto para un suicida -y no existen muchos en la esfera de la política- cualquiera que se asomase al abismo retrocedería sin dudarlo producto del miedo a caer en el vacío.

¿Es importante para la sociedad o, en este caso, para un periodista, darle entidad a lo que diga un personaje completamente marginal como Juan Grabois?

Desesperada y en campaña. Así está hoy Cristina, esa madre devoradora que acaba de deglutirse compulsivamente a un ministro clave sin un plan B para reemplazarlo. Batakis es, apenas, una pieza de emergencia que “la jefa” no vetó. O no vetó aún.

La primera semana de Silvina Batakis al frente del Palacio de Hacienda desconcertó tanto a analistas precipitados como a muchos de los actores políticos. Aunque aún no adoptó medidas decisivas, la flamante ministra expuso conceptos que pocos esperaban: se reconoció partidaria de un sano equilibrio fiscal, prometió no gastar por encima de los ingresos; tomó distancia de la idea de un Estado empeñado en ahorrar, pero subrayó la necesidad de garantizar la solvencia estatal; anunció el control desde su cartera del gasto de todo el sector público (no reducido en exclusividad a la administración central, sino incorporando también a organismos descentralizados y funcionalmente autónomos) así como el congelamiento de personal en todo ese universo.

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