Opinión

Lo que quieren los sindicalistas, militantes K e izquierdistas que rabian contra los “formadores de precios” es sacar provecho de la tragedia que ellos provocaron.

Hay motivos para suponer que el lunes 22 de agosto hemos sido testigos de un acontecimiento histórico; se pide condena a los protagonistas de un régimen corrupto

El psicólogo clínico estadounidense Daniel Goleman, señala que la capacidad de escuchar, pensar y hablar con claridad suele disolverse frente a la aparición de ciertos picos emocionales, que nos despojan de la serenidad necesaria para dar un paso en pos de la solución de los innumerables problemas que debemos afrontar en la vida cotidiana.

De nuevo este comentario inicia con la aclaración de que se escribe antes de que Cristina Fernández de Kirchner termine su discurso por los canales de YouTube a los que recurrió para responder al pedido de condena de 12 años de prisión e inhabilitación absoluta para ejercer cargos públicos que pidiera ayer el fiscal Diego Luciani al concluir 10 jornadas de alegatos.

La idea de que es al peronismo y no a ella a quien se está juzgando en Comodoro Py, consigna central del exaltado discurso de Cristina Kirchner de ayer, no es, por cierto, original. Hay en el mundo una lista interminable de perseguidos penales de la más variada especie que se declararon perseguidos políticos con la esperanza de zafar. En su caso, el mecanismo se complementa con la impronta contestataria del movimiento creado hace 77 años por Perón y el encumbramiento del revanchismo como motor de la historia.

Cuando el kirchnerismo llegó al poder, adoptarían un discurso progresista a fin de justificar por izquierda la apropiación del Gobierno nacional.

No habrá desarrollo económico y equidad social si no es sobre la base de la legalidad y la decencia.

Muchos gobernadores buscan asegurar sus ingresos ante la incertidumbre provocada por una crisis que no saben cuándo ni cómo va a concluir.

“Nunca se te ocurra hacer películas con niños ni con perros, ni con Charles Laughton”. Así despreciaba irónicamente un genio del cine a un genio de la actuación dramática.

La decadencia argentina ya es indiscutible. Como un alud empezó con suavidad, casi sin sentirla y como un alud fue ganando velocidad y arrasando con todo en su camino. Como el Imperio Romano de occidente* ¿terminará en estrepitosa caída (año 476)?

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