Opinión

Cuando en una bochornosa tarde de febrero de 1991 un “lobo solitario” con las facultades mentales alteradas surgió del público anónimo y arrobado, alzó un revólver 32 y apuntó directo a la cabeza de Raúl Alfonsín nadie podía saber que el destino urdía una gran lección ética e histórica.

La Argentina es un caos. Y la vicepresidente Cristina Kirchner fogonea el caos con discursos violentos mientras se victimiza. Gran actriz, es capaz de montar un show que intranquilice al país. Experta en cortinas de humo, intenta tapar con esas cortinas lo que realmente sucede.

“Cuando un payaso se muda a un palacio, no se    
convierte en rey; el palacio se convierte en circo”.
 
- Proverbio turco

El que, según las imágenes elocuentes que desde el inicio se difundieron, sería un intento de homicidio a Cristina Fernández de Kirchner es un hecho grave, que merece una rápida y profunda investigación.

Equiparar el atentado a CFK al proceso que enfrenta la vicepresidenta es un parangón alevoso y degrada la justicia positiva.

La batucada que protagonizaron los jóvenes de La Cámpora en la intersección de Juncal y Uruguay, en pleno corazón del barrio de La Recoleta, fue una manifestación de carácter político-folklórico, nada más. Unos mil o dos mil manifestantes-descontando la pasividad del gobierno de la capital federal- se cansaron de hacerle el aguante a Cristina Fernández y de repetir, hasta el hartazgo, que se armaría un quilombo si acaso alguien se animaba a tocarla. Conviene distinguir la revolución discursiva de la fáctica.

El apagón intelectual de la Argentina resulta un doloroso enigma; pese a los problemas que afectan nuestra calidad de vida, no existe un sentido de urgencia colectiva por modificar el curso de acción

Cristina Kirchner considera que los episodios sucedidos en la esquina de Uruguay y Juncal repiten punto por punto lo sucedido en 2001, es decir, cuando las protestas sociales precipitaron la renuncia de Fernando de la Rúa con su trágico desenlace de muertos. Es una opinión.

“Quieren estigmatizar 12 años de gobierno. Es más, la presidenta del partido sacó un tuit poco inteligente donde dice: ‘12 años de gobierno, 12 años de condena’. Lo escribió y lo firmó. La verdad no sé si era la hora de la tarde y ya estaba medio… a esa hora. No sé, qué sé yo, pero, pero… si lo pensás, por lo menos no lo escribas”.

Con la ayuda inestimable de algunos de sus enemigos, la señora de Kirchner ha conseguido en los últimos días lo que muchos coinciden en llamar una victoria. Ha revalidado su centralidad en el Frente de Todos y ha logrado que buena parte del peronismo -con más resignación que entusiasmo- firmara al pie de sus cuestionamientos a la Justicia en general y a los fiscales que pidieron para ella 12 años de prisión, en particular.

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