Opinión

Pese a todos los problemas, curiosamente el Gobierno luce más ordenado que la oposición, que ventila sus internas como nunca.

No deja de sorprender la manera como nuestros gobernantes -sin importar demasiado cuáles hayan sido o sean sus observancias ideológicas- confunden los veranitos económicos -de suyo circunstanciales- con el éxito de su gestión. Sergio Massa, en particular, y sus seguidores, en general, no representan una excepción a esta regla.

La visita de Sergio Massa a los Estados Unidos consolida el giro pragmático que experimentó el Frente de Todos en los últimos tiempos de la mano de la propia Cristina Fernández de Kirchner.

El kirchnerismo es diestro en ocultar sus peores intenciones con los más dulces envoltorios. La subordinación de los jueces es la democratización de la Justicia; el discurso único, la pluralidad de voces; la revancha contra el sector agropecuario, la soberanía alimentaria. Muchos –entre ellos, algunos militantes de la “antigrieta”– sucumben a ese encantamiento para descubrir muy tarde que fueron estafados. Lo llamativo es que vuelven una y otra vez a tropezar con la misma piedra, como si no tuvieran memoria.

Que el Indec tuviera que difundir la cifra de inflación de agosto dos días después del retorno de Sergio Massa de su prometedora visita a Estados Unidos hay que adjudicárselo a la mala fortuna. El 7 por ciento de incremento en los precios (un promedio que esconde aumentos considerablemente más altos en varios artículos de primera necesidad) representa un doloroso recordatorio de la materia en la que el Gobierno viene fracasando y a la cual el superministro de Economía, urgido por el vacío de reservas y por las negociaciones con el FMI, no le ha dedicado aún atención prioritaria.

Dos años después del último enfrentamiento entre Armenia y Azerbaiyán, un nuevo combate pone en riesgo el siempre delicado equilibrio en el Cáucaso. Por qué es clave el rol de Moscú. El estancamiento ruso en Ucrania como factor decisivo

“Muchas verdades no son difíciles en sí, y sin embargo a nadie ocurren sino a los hombres de talento. Cuando ellos las presentan o las hacen advertir, todo el mundo las ve tan claras, tan sencillas, tan obvias, que parece extraño no se las haya visto antes”
- Jaime Balmes

La gira de Massa por EEUU está culminando como se inició: con promesas.

Los organismos que la Argentina kirchnerista siempre defenestró fueron los que otra vez estuvieron de su lado cuando las papas quemaron.

Consabido profanador de causas nobles, al kirchnerismo le había quedado pendiente la fraternidad. Para eso el sábado desembarcó en una iglesia, nada menos que la Basílica de Luján. Pero como está en fase decadente -populismo sin plata- el tiro le salió por la culata.

Machacando la consigna del “Estado presente”, el kirchnerismo parece haber convencido a propios y ajenos: ante la crisis abismal, sus seguidores reclaman una presencia estatal aún mayor. En los bordes de la oposición, en cambio, ha aparecido una cierta fantasía anárquica: acabemos con el engendro y restauremos la libertad originaria.

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